Verde oasis

Por Testigo Colaborador

 

A mediados de los setenta, el Reclusorio Oriente era una polvorosa cárcel a donde habían transferido a buena parte de los reclusos que habían estado internados en el Palacio Negro de Lecumberri, entre ellos algunos de los narcotraficantes más importantes de aquellos años. Los presos levantaban tremendas nebulosas de polvo cada vez que se desataba una riña o realizaban sus actividades deportivas.

Un día, un interno, vistiendo el reglamentario uniforme pero confeccionado con tela fina, se presentó ante el director del penal; quería entrar al programa de estímulos para disminuir su pena y su propuesta era crear un enorme jardín en uno de los extremos del patio, justo el que daba hacia su celda.

Lo razonable, tratándose de la persona que era, uno de los más importantes traficantes de droga de la época, era aceptar la propuesta y el funcionario así lo hizo. Autorizó la creación de un jardín.

A la vuelta de unos pocos meses, un extensa área verde se desdoblaba sobre lo que habían sido un polvoroso y yermo terreno y montado en un carrito corta césped el interno del uniforme de tela fina cruzaba el área en parsimoniosa simetría seguido de tres o cuatro reclusos que tenía como sirvientes, quienes iban recogiendo la hierba trasegada. Además del pasto, había plantas de ornato de distintas tonalidades, todas ellas esplendorosas gracias al magnífico sistema de irrigación que se había instalado y al abono indicado.

Hasta el último día en que el interno del uniforme de tela fina estuvo en el penal, el jardín fue un oasis de naturaleza que dio tregua a los reclusos en aquellos polvorientos días.

 

>Testigo Colaborador ha sido en los últimos años reportero de la fuente policíaca para dos diarios capitalinos. Se forjó profesionalmente a finales de los noventa, cuando el Distrito Federal registró la tasa de criminalidad más alta de todo el siglo y era la ciudad más insegura de México. Desde hace cinco años cubre narcotráfico y las secuelas de la llamada “guerra” contra el crimen organizado. Conocedor de la diferencia entre periodismo y ficción, ha dejado para esta bitácora sus elucubraciones personales, a la espera, como ocurre en las investigaciones ministeriales, de que surja un dato que un día las saque del Archivo Provisional y las convierta en una obra resuelta.

Autor: administrador

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