Toque de queda

Por Jacob Bañuelos

 

La noche es una entidad híbrida, variable, a veces insondable y cuyo síntoma principal es la confrontación con uno mismo. Sin embargo, hay noches que invitan a vivir y noches que atisban a la muerte.

Anylú Hinojosa-Peña propone una noche desolada, fría y detenida, una noche que ha perdido la vida, una noche abandonada en imágenes que pudieran ser las secuelas de aquellas “escenas del crimen” capturadas por Eugène Atget en un París a punto de desaparecer.

¿Pero son estas imágenes “escenas de un crimen”, o podrían llegar a serlas? ¿Estamos en una frontera México-Estados Unidos a punto de desaparecer? Lo cierto es que los ciudadanos hemos desaparecido de la noche, hemos perdido progresivamente la libertad de habitar los espacios públicos nocturnos, hemos perdido la noche.

Esta es la sensación que puebla a una sociedad que vive con miedo ante una noche incierta e inhumana, imagen nocturna que detiene ante el asalto de la incertidumbre.

“Aquella noche me detuve paralizado ante la obscuridad y supe que mi vida sólo podía continuar si seguía caminando, a lo lejos el silencio y una luz casi invisible…”.

La imágenes de Anylú Hinojosa-Peña son también poderosas metáforas de la noche del alma. Recuerdan por momentos a las desoladas escenificaciones fotográficas del fotógrafo estadounidense Gregory Crewdson en su magnífico análisis sobre la decadencia espiritual y psicológica de sus personajes en Twilight.

Por momentos estas imágenes tienen tintes teatrales, la luz fría condensa un estado emocional de muy bajas vibraciones, una suerte de montaje macabro que interpone la realidad al simulacro. ¿Es esta noche un simulacro de la noche?

Esta es la noche que tenemos, pero ¿es la noche que queremos? Las imágenes de Hinojosa-Peña recuerdan vivamente al terrible escenario descrito por Alejandra Pizarnik (1936-1972) en su A la espera de la oscuridad:

Ese instante que no se olvida,
Tan vacío devuelto por las sombras,
Tan vacío rechazado por los relojes,
Ese pobre instante adoptado por mi ternura,
Desnudo desnudo de sangre de alas,
Sin ojos para recordar angustias de antaño,
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma,
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego;
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies,
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro.
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada,
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca,
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.

 

 

 

 

>Anylú Hinojosa-Peña. Fronteriza de nacimiento, bicultural por convicción y mexicana de corazón, de esta parte de la frontera en donde el Río Bravo une a México y EUA para hacerlos uno solo. En el 2012 recibió la beca PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Tamaulipas), en la categoría jóvenes creadores, con el proyecto Clave Baja/Toque de queda. Su trabajo ha sido publicado en Arch Daily México, Colors BW Magazine, The New York Times. Síguela en: http://anyluhinojosapena.wix.com/fotografia www.instagram.com/anyluhp

Autor: administrador

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