Sitting in the waiting room

Punkroutine # 11 (Plágiate esta reseña)

 

Por Alfredo Padilla

 

Llevaba noches cavilando en la soga, noches enteras sin poder dormir. Recordaba aquellos cuerpos sin vida que había visto en cientos de películas agitándose como péndulos, y sentía entonces una “paz interior”. Tenía el estómago atestado de pastillas: Rivotril, Risperidona, Epival, Symbyax, Olanzapina, Concerta, Tafil, todas ellas para desacentuar mi bipolaridad, subyugar la depresión y arrancar la cuerda de mi mente, de mi pescuezo, pero la puta soga continuaba ahí, esperando el momento para ser tensada.

Tenía 32 años, un hijo pequeño y ningún trabajo. Más que el de aprenderme todos los diálogos en las películas de Herzog, sentía que mi vida estaba alcanzando el hastío. De alguna manera llegó hasta mis manos el #11 de Punkroutine, exégesis de Benji Cárdenas, una especie de cinéfilo y punk rocker profesional que posee una narrativa riff, una descriptiva que rompe madres, tímpanos y huesos; si existen unas grafías que sean la metáfora perfecta del slam más brutal en un concierto de Fugazi, seguro son las que entrelaza Benji Cárdenas en la oscuridad de su casa, en la oscuridad de su cabeza. Narrativa llena de furia, enemistad, serenidad, desencanto y en algunas ocasiones algarabía, una felicidad que conmueve. Benji podría hacer llorar a un marabú si así se lo propusiera. Concluí, desde mi depresión de chavo ruco, que en este fanzine se encontraba la subsistencia, y por ende, el futuro de la narrativa.

Punk, paternidad, bizarría; un fanzine que me devolvió el instinto de la escritura, volver a escupir sobre el teclado, volver a mirar a mi hijo a los ojos, volver a decir te amo. Me salvó de la inmolación y me hizo recorrer, ejemplar en mano, las calles de la savia. I’m planning a big surprise / I’m gonna fight for what I want to be / I won’t make the same mistakes. He regresado al socavón de mi casa, con el cuerpo lleno de paciencia: I am a patient boy. He dejado de pensar en la soga.

El #11 de Punkroutine gira en torno al reality “The Benji Show” como en la película de Peter Weir, protagonizada por Jim Carrey. En este caso su protagonista, Benji Cárdenas, está frente a los lectores aún antes de hacer nada, en plena punkcrastinación. La vida de Benji es escrita a través de miles de manos ocultas, las 24 horas del día y es publicada en Nuevo León y reproducida en todo el mundo.

En este reality podemos ver a un personaje que es el padre de Sofi, que toca la guitarra en 1986, que pasa mucho tiempo fumando mota y que escribe como nadie; pero que en realidad es un hombre que se dedica a ver las barras de color en la televisión. Alguien que siente una obsesión desmedida por los post-its de diferentes colores (rosas, azules, anaranjados, amarillos, verdes), papelillos con los que ordena su vida, hace arte caótico o se los fuma. Un hombre al que le cuesta trabajo terminar todo lo que se dispone, en Punkcrastinación Benji es nuestro espejo.

En 11 días sin dormir (bien), nuestro protagonista asiste no por convicción, sino por la talante de su ex mujer, a la asamblea de su hija en la escuela, y cuando ve a los demás niños recrear la Batalla de Puebla, imagina que es una secuencia filmada por el mismísimo Harmony Korine (Benji es nuestro espejo). De cómo Cárdenas pudo estar inmerso en una plática de millenials en un Vips, ¡en un Vips!, esperando que el mesero no escupa dentro de su Coca-Cola, en Soy Millenial, Baby!

En este show Benji está a la expectativa, no sé si paciente en una sala de espera, está fumándose un porro, escucha una de Fugazi, quizá Waiting room. Es una sala de espera larga y tortuosa, perfectamente iluminada como en una película de Kubrick. Aguarda su arribo a las letras, la salida del anonimato. Él no lo sabe pero la espera, para fortuna de todos, es muy corta.

Se agradece el apoyo del estímulo Publicaciones Impresas Raúl Rangel Frías, pero aún sin CONARTE, Benji Cárdenas la hubiera partido de todas las maneras posibles.

 

 

 

 

>Alfredo Padilla es narrador, periodista cultural y orgulloso papá de André. Estudió comunicación en San Luis Potosí. Escribe sobre literatura, música y cine para varias revistas y periódicos del país. Ganador del Premio Manuel José Othón de Narrativa 2014. Twitter: @_PadillaAlfredo

Autor: administrador

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