Ruco de onda

Por J.M. Servín

 

Ejemploupongo que a nadie le interesarían mis conocimientos musicales, de mero aficionado, a no ser por la manera en que éstos han alimentado mis lecturas y escritura. Tengo muchos amigos melómanos (personajes extraños que a veces me parecen taxidermistas con memoria fotográfica), sobre todo de rock, jazz y bolero, de ellos he aprendido a refinar mis gustos y ampliarlos sin pretender un registro minucioso. Convertirse en “especialista” en cualquier tema es tanto como formar parte de un elenco de freak show. Para mí lo más importante es la curiosidad, la evocación y la intuición para hacerse de una buena discografía.

Las redes sociales y las aplicaciones especializadas sobre todo, le habían quitado el encanto de ir a una discoteca y adquirir ese disco que en la paradoja de su producción industrial, volvía de culto o populachero nuestro registro generacional. Hoy en día, al menos en el DF, hay un nuevo auge de tiendas especializadas en acetatos que nos han estimulado a recuperar las tornamesas y aquellos viniles que creíamos obsoletos. El rito de poner un disco LP, cuidar que no se raye, la pausa que obliga a cambiarlo al final de un lado y el manejo sutil de la aguja, recuperan una relación perdida entre el músico, el concepto artístico de su obra y la manera en que nos relacionamos con ella a través de nuestros sentidos.

Vengo de una familia donde la música fue indispensable como esparcimiento y compañía cotidiana, como aprendizaje de lo que significa haberme educado a mí mismo para ser lo que soy ahora. En mi niñez di un salto enorme e involuntario de los discos de Cri Cri  y los boleros que escuchaban mis padres al rock pesado de mis hermanos mayores. Éstos eran mayoría y terminaron por imponer sus gustos en la consola. A partir de ahí, mi infancia se volvió una aspiración de vestir mezclilla y traer el pelo largo. Recuerdo un programa de televisión las tardes de domingo: “Alta tensión”, eran videos musicales y espectáculos extremos. Ahí vi por primera vez una actuación en vivo de James Brown y sus Famous Flames y a el gran motociclista suicida Evel Knievel.

Cuando me encuentro con alguien obsesionado con descubrir y acumular más y más música (mientras más rara, mejor, sobre todo con la ayuda del iphone, ese engendro de Babelia de la sociedad de consumo) y presumir cuánto sabe sobre el tema, salgo huyendo. No me interesa la moda, las vanguardias y sus variantes, lo que me hace estremecer y conecta con mis emociones más sinceras, pertenece a un banco de datos muy modesto.

En mi libro  El duro oficio de vivir, beber y escribir desde el caos, hay una parte dedicada a la música que ha influido en mi escritura a la par de algunos de los grandes ensayistas y cronistas especializados (Greil Marcus, Terry Southern, Simon Frith, Rickey Vincent, Lester Bangs, Amiri Baraka y algunos periodistas y escritores mexicanos antologados en Crines, lecturas de rock, publicado por ERA allá en los años ochenta, hoy convertido en libro de culto).

Mi cabeza es una tornamesa mental. Hoy comparto algunos greatest hits del soundtrack de mi escritura. Vibro de emoción cuando una rola de las aquí enlistadas me conecta con mi yo amoroso, creativo, excesivo, descabellado o iracundo. De adolescente quise ser un músico como Curtis Mayfield (mi guía espiritual), o Miles Davis (mi conciencia dionisiaca), Aretha Franklin y Etta James (afroditas de melancohólica belleza); Dámaso Pérez Prado (el padre del funk latino, nadie como él para marcar el ritmo de la ciudad de México); Joe Strummer y The Clash, The Ramones e Ian Dury, todos ellos padres putativos de mi escritura y de mis vaivenes existenciales al ritmo que me toquen donde voy.

Las piezas musicales que menciono aquí son episodios de una biografía musical y de vida, las tomo como un legado y tesoro invaluable con el que sobrellevo el enajenamiento y el “no futuro” punk al que no condena un país donde el monopolio de la música popular huele a mierda.

  • 1. James Brown and The Famous Flames At The TAMI Show 1964
  • 2. Led Zeppelin: Whole Lotta Love
  • 3. Curtis Mayfield: Superfly
  • 4. Aretha Franklin: I say a little prayer
  • 5. Dámaso Pérez Prado: Pachuco Bailarín
  • 6. Miles Davis: So What
  • 7. Sugar Hill Gang: Rappers Delight
  • 8. Three souls in my mind: Abuso de autoridad
  • 8 Bis. Three souls in my mind: Chavo de onda
  • 9. The Ramones: I wanna be sedated
  • 10. The Clash: London Calling
  • 11. Ian Dury & The Blockheads: Sex and drugs and rockanroll
  • 12. Sumo: Viejos vinagres
  • 13. Darker than Blue: Ghetto Funk
  • 14. Snoop Dogg: Oh Sookie

> J.M. Servín es escritor y coordinador del proyecto editorial Producciones El Salario del Miedo. Del duro oficio de vivir, beber y escribir desde el caos, es su libro más reciente.

Autor: administrador

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