Prosa Sonora II

Por Javier Fernández

 

FFS • FFS

‘Dictator´s son’, boñiga funk a la vez monstruosa e infantiloide, power pop para escuincles educados de modo occidentalmente propicio aunque susceptibles a la fiebre aftosa, de bucles rubios, botón en la nariz y todo. ‘So Desu Ne’ es un collage con acuarelas Devo, creatura ñenga que muere en las baldosas del conflicto de la Liga Árabe que vimos fluir por el ordenador sin entender un pelo, conmovidos por el benemérito hilo de saliva que soltó ante la cámara una adolescente egipcia. El dilema con ‘The power couple’ es flácido y urgente: tras lomita se viene una estampida de mamuts puestos a reescribir la superioridad de la especie pero el responsable de transmitir la alerta a los aldeanos es un mimo que padece dislexia. “Las copas están limpias, el vino está en su punto”, cantan Russell Mael y Alex Kapranos como para decir “Soy inocente”. ‘The man without a tan’ pasa por residuo del More songs about buildings and food de Talking Heads editado por obscenos monjes capuchinos, intacta la dignidad de caleidoscopio, los golpes de cacerola. Con banda compuesta, clavados en labrar un súper album y con el ánimo seguramente en ebullición, FFS vomita una canción de esas inclasificables que llena de sobresaltos los audífonos, ‘Collaborations don´t work’. Orate, emocional, de lo más creída, con la estructura disparatada de ‘Good vibrations’, ‘Paranoid android’, ‘In every dreamhome a hearthache’ o ‘Bohemian Rapsodhy’, ghetto al que se adhiere sin problemas. Hay que arribar con fuelle, presencia de ánimo e ideas claras al minuto 4:30 de esta, la penúltima canción, una canción que ya era buena, y transformarla en una efeméride de ventosas proporciones que tiraniza el piar de los murciélagos.

 

FFS, FFS

 

 

Grenda • Living Right EP

Te invitan a comer a una hacienda. No lo esperabas. El refinamiento del lugar es desconcertante, hostil: sin venir a cuento tiras una esquina del mantel, que la chinguen todos. Te largas a escuchar Grenda arrastrado por el caudal de anticipaciones y contratiempos que enaltecen la época de brama. Sitio para escupir, estanque de brevedad para una electrónica smooth & smarth que se presenta en cueros y ataca por la espalda. El calibrado downtempo ora pro nobis con que Grenda grava ‘I´m a fool’ sigue las caprichosas revelaciones de un mapa del tesoro que tras no sé cuántos giros, pruebas de resistencia, retos de picardía, artejos de templanza, nos guía a una enigmática X a la que llegamos ya noche para encontrar, puestos en una mesa, dos fólders y una pinta de sangre. ‘Living right’ obtendría mejor nota en circunstancias de concordia seguida por un aplauso digno de escaparates con fulgor de neón. Es una canción roja. Particularmente roja, soviéticamente roja, roja como un candelabro, como un ave. Roja como las plumas escapulares de esa ave: los colores, los estados de ánimo, las posturas dogmáticas carecen de sentido respecto a sí mismos, necesariamente se iluminan en oposición a un tercero. Roja como víscera, como bandera, ‘Living rigtht’ da la sensación de reposo maquinal, reconstituyente, de cama sin hacer, máquina roja y destartalada para ser ofrecida en bultos de chatarra a Craftsman. En la hacienda, por lo demás, nadie te extraña, ya se sirve el tercer tiempo: muslo de pato espolvoreado con hígado de alce y especias que parecen pura brillantina, tipo Oil of Olay.

Grenda, Living Right EP

 

 

The Soft Moon • Deeper

‘Black’, la lúgubre prótesis con que The Soft Moon anunció su álbum Deeper, nos aventaja en la divulgación del pesimismo que chamuscará las relaciones humanas en cuanto nos deshagamos del Wi-Fi y el veganismo, orillados a abrazar como salvavidas el voltaje arborizado de Nicola Tesla. Pertinaz, ‘Far’ augura la implosión de una urbe fosfórica con bulevares emponzoñados por la neblina espesa, láctea, guaguas de pestaña tatuada, ñores de panza pelotuda, habitantes que se agreden porque sí, pierden una extremidad cada otoño a causa de la hipotermia, la rabia o los ajustes de cuentas. El miedo al cautiverio permea el tejido social con la perseverancia del sargazo, pesado como colcha mojada para detrimento de las minorías. Porque aquí hay malignidad. ‘Desertion’ y ‘Being’ supuran sangre cocida y espumeante. Cuando tienes a Schopenhauer, Fugazi y Cabaret Voltaire como vértices valorales –tal parece ser el caso de Luis Vásquez– reprochas al mundo con música. Acaso así se explica que la tierna-e-inmunda ‘Try’ y la anormal-aunque-bailable ‘Feel’ perpetren la acusación, ensimismadas y frenéticas, con la dinámica de un árbol de levas cuyo ruidoso abracadabra circular suscita, sin saberlo, una paralela agitación vertical. Los párpados caen en ‘Whitout’, se pliegan como telones en un lento bastidor, uno mece la cabeza en su propio eje, de forma suave, como recomendaría un endocrinólogo y como lo hace –sin recomendación alguna: por puro aburrimiento– el elefante encadenado a un poste.

 

11183_JKT

 

 

 

 

>Javier Fernández es comunicólogo y narrador. Nació en la ciudad de México en 1971. Ha residido en Guadalajara, Tijuana, Mexicali y el poblado tarahumara de Chinatú. Colaborador intermitente en medios impresos y electrónicos, a veces con el seudónimo Mr Phuy, se ha ocupado en la docencia, el comercio, la producción de radio-video, los servicios financieros, la función pública y el desempleo. Su primer libro Si tarda mucho mi ausencia (ICBC, 1993) obtuvo el Premio Estatal de Literatura en Baja California. En 2010 publicó El estadio que naufragó (CreateSpace, 2010) y Señora Krupps (Static Libros, 2010 / CONACULTA, 2013). Seguir a los gansos es su tercer volumen de cuentos. Javier tiene una especial predilección por la música, el cine, la plástica, el cómic y otras manifestaciones de la cultura pop. En el fuero de sus influencias están Camilo José Cela, Julio Cortázar, Fernando Del Paso, Allen Ginsberg, Francis Bacon y los hermanos Coen.

Autor: administrador

Comparte esta publicación en