El otro rock noventero

Por Antonio Ortuño

 

Menudean las celebraciones por los veinte años de numerosos discos de rock noventero. Como la historia la escriben Billboard y sus secuaces esa época ha quedado representada, en la cabeza de las mayorías, por las obras de las bandas vendedoras, quiero decir vencedoras: las que le dejaron millones a la industria. Discos del estallido grunge como Nevermind, de Nirvana, Ten, de Pearl Jam, o el Core de esos epígonos llamados Stone Temple Pilots; discos “alternativos” como el Blood Sugar Sex Magik, de los Red Hot Chili Peppers o el Mellow Gold, de Beck; discos de los reyezuelos del britpop, como el (What’s the Story) Morning glory?, de Oasis y el Parklife de Blur. Algunos de estos (la lista, claro, no es exhaustiva) son indiscutibles y otros francamente nunca dieron para mucho. Pero debería quedar claro que el asunto no se agota allí.

Existieron (algunas perviven) bandas que grabaron en esos años material tanto o más interesante. Unas tuvieron sus quince minutos de fama en MTV pero terminaron como simples objetos de culto, poco recordadas fuera de los círculos de melómanos empedernidos. Otras se mantuvieron, voluntariamente o por desgracia, fuera de los reflectores. Como sea, vale la pena recordar sus mejores discos y darles una segunda oída. O primera, si es que uno pasó esos años con los oídos en una cubeta o apenas comienza a interesarse por los guitarrazos de la época. Aclaro que, como cualquier persona sensata dará por sentado, esta es una enumeración subjetiva y personal. Siempre hay más música; elegir es, fatalmente, quedarse corto.

Death Angel- Act III. Estos filipino-estadounidenses, provenientes de la escena del thrash metal de San Francisco, crecieron a la sombra de Metallica y compañía. Pero tenían una flexibilidad y unas miras superiores a las de los metalheads típicos. Act III apareció en 1990 y alterna descargas de speed con piezas de delicadezas hippies. El disco fue aclamado por los críticos y el éxito parecía en la mano pero un accidente de autobús dejó a los integrantes de la banda con tantas y tales secuelas físicas que optaron por disolverla. Y no regresaron a la acción sino hasta el año 2004. De ahí sale esta canción, Veil of deception:

 

 

dEUS-In a Bar Under The Sea. No, no es un error de tecleo. dEUS se escribe así y es una banda de Bélgica. Quién lo diría. In a Bar Under The Sea (1996) contiene todo lo que un buen disco de los noventa tenía: psicodrama, riffs, combinaciones de rudeza y melodía… Pero también lo que muchos de ellos no: inteligencia, ironía, grandes letras. De allí sale este buen video y mejor canción: For the Roses:

 

 

Fugazi-Repeater. En mi caso, decir que un disco de Fugazi es uno de los mejores de los noventa es pecar de hipócrita, porque creo que sus discos son los mejores de toda la vida. Fugazi representa la evolución del punk rock y su conversión plena en arte musical. Ruido implacable (pero rítmico), habilidades jazzeras (pero sin la pretensión de los virtuosos) y sobre todo, una apuesta irrenunciable por la independencia y la política. Repeater (1990) fue su primer trabajo de estudio. Entre sus admiradores rendidos, tipos como Michael Stipe y Eddie Vedder. Nomás. De ahí sale la inmensa Shut the Door:

 

 

Helmet-Meantime. Paige Hamilton era un niño en la Nueva York de los años setenta. Cuando su madre lo llevaba a la escuela ponía canciones de Abba en el automóvil. Hamilton, que tenía un temperamento de psicópata, odiaba esas mañanas. Creció, estudió en un conservatorio y se puso a componer canciones que hubieran hecho que a su madre (y a los de Abba) se le cayeran los dientes del susto. Helmet es la descarga de ruido machacante realizada con mayor criterio y conocimiento en el decenio. Con unas estructuras que jamás ceden al pop ni transan con nadie, Helmet es la banda perfecta para que se vayan de tu fiesta todos los que no deban estar en ella. Y Meantime, de 1992, es su cumbre. De allí sale, justo, In the Meantime.

 

 

Morphine-Cure for Pain. Una banda casi inimaginable para el rock noventero, tan guitarrero él: bajo, sax y batería. Lánguida, bailable, melódica, enraizada en el jazz y el blues, la música de Mophine es, sin embargo, tan densa, oscura y corrosiva como cualquiera de las de esta nota. Todos sus discos son notables. Destaco Cure for Pain (1993) por ser el que los dio a conocer y quizá el más característico. Y de allí la implacable Thursday:

 

 

Pavement-Slanted & Enchanted. Antes de que la denominación “indie” se refiriera a un estilo musical más o menos tedioso y a una garantía de docilidad, solía referirse a bandas que no firmaban con grandes compañías y que, por lo general, se mantenían al margen de las etiquetas definidas (metal, punk, grunge, incluso “rock alternativo”). De entre ellas, ninguna tan esencial como Pavement. Lo mismo ruidosos que dulces, siempre con un aire desafinado, sarcástico, como si homenajearan, parodiaran y desdeñaran a la vez al rock experimental desde una cochera. Su primer disco, Slanted & Enchanted (1992) lo dijo todo y de ahí sale esa oda a la derrota que es Here:

 

 

Quicksand-Slip. Del punk extremo nació el hardcore. Y del hardcore, cuando le salieron pulgares, Quicksand. Música contundente, tensa, crujiente, que podría competir sin asomo de debilidad con lo más intenso de la década, como los inmensos Alice in Chains. Walter Schreifels, su líder, fue parte de bandas neoyorquinas como Youth of Today o Gorilla Biscuits. Quicksand reventó luego de dos discos pero ambos son espléndidos. Del primero, Slip (1993), va Head to Wall:

 

 

Sebadoh- Bakesale. Lou Barlow era el bajista de Dinosaur Jr, una banda que llegaría a ser uno de las clásicas del decenio. Allí, a la sombra del neurótico y genial J. Mascis, resistió algunos años. Se inventó una banda en la que él llevaría el volante y la llamó Sebadoh. Cuando tuvo suficientes canciones procuró ser echado. Bakesale, de 1994, es un disco de rock básicamente perfecto, repleto de piezas implacables, una guitarra lo mismo ruda que fina, instrumentaciones sobrias y elegantes y una autoironía deliciosa. Curiosamente, años después Barlow volvió a Dinosaur Jr, a seguir de nuevo a su jefe. Esta es Not Too Amused:

 

 

Therapy?-Troublegum. El rock de los noventa, en muchos sentidos, surge de dos fuentes, el punk y el metal. De uno toma la insolencia y la herencia del rock ‘n’roll; del otro, los riffs como identidad sonora y las estructuras musicales. Pocas bandas reflejan esta coexistencia como los norirlandeses Therapy? Su primer disco, Nurse (1992), es una joya de guitarras postpunk y baterías influenciadas por las cajas de ritmos de Ministry. El segundo, Troublegum (1994) es aún mejor, con una influencia heavy más marcada y canciones tan selectas como Unrequited:

 

 

 

>Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976). Autor de las novelas Ánima, El buscador de cabezas y Recursos Humanos, con la que fue finalista del Premio Herralde 2007. Es autor del volumen de cuentos El jardín japonés y La Señora RojoLa fila india es su novela más reciente. @AntonioOrtugno

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