Novelas para leer después del Complot mongol

Por Iván Farías

 

En más de una ocasión lo ha repetido Paco Ignacio Taibo II: El complot mongol no tiene descendencia. Sin embargo, si uno es un lector atento se podrá dar cuenta que hay una forma de escribir entre los escritores policiacos mexicanos que hacen una suma de características que se manejan en la novela de Rafael Bernal publicada en 1969. Una de ellas es el detective “hechizo”, es decir el tipo metido a resolver un enigma sin tener más ayuda que sus manos. No es un Pinkerton como el detective sin nombre de Hammet, pero tampoco es uno con licencia y placa, como Marlow. Mucho menos uno dentro de la policía, como Harry Hole, de Jo Nesbo. Los “detectives” mexicanos viven en un país que se cae a pedazos, pero no se torturan. Más bien se ríen de eso. Utilizan el humor como escape a una realidad podrida hasta el tuétano. A continuación enlisto cinco novelas que se emparentan de una u otra forma con el one hit wonder de Bernal.

Cosa Fácil de Paco Ignacio Taibo II

Antes de Taibo la novela negra en México no se vendía, no se habla de ella y era muy menospreciada. Un poco menos que ahora. Una cosa importante es que Taibo no tropicalizó el formato, como muchos intentaron hacer antes, sino que la hizo crecer y volverse, más que mexicana, chilanga. Como hiciera Lawrence Block en los setenta con su Matt Scudder y Nueva York, al sacar lo negro de L.A. En Cosa Fácil, Taibo de la mano de su detective independiente Héctor Belascoarán Shyne, debe resolver tres casos al mismo tiempo como hiciera también Block y Scudder en Cuando el antro sagrado cierra. Las preguntas de Shayne son: ¿Quién mató al ingeniero cuando la fábrica estaba a punto de ir a huelga? ¿Qué esconde la hija de una vedette de segunda que puede costarle la vida? ¿Está vivo Emiliano Zapata? Y hacer todo eso sin paga, con un ojo menos y con la pierna adolorida. Sin embargo, Shayne se las arreglará para llevar hasta las últimas consecuencias cada uno de los casos.

 

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Tabaco para el puma de Juan Hernández Luna

Hernández Luna es ese gran desconocido que merece ser leído. Muerto prematuramente, siempre se conservó a la sombra de sus otros dos compañeros, Paco Ignacio Taibo II y Rafael Ramírez Heredia. Sin embargo, Luna tenía una obra muy personal y tan interesante como la de los dos mencionados. Cadáver de Ciudad, Tijuana Dream, pero tal vez su novela más famosa Tabaco para el puma, sea a la que hay leer primero. En ella mezcla a partes iguales desenfado, una trama muy bien elaborada y una cierta consciencia política que no le estorba a la hora de narrar.

 

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Juan Tres Dieciséis de Hilario Peña

Un boxeador que tiene alucinaciones donde un tipo apodado “el ángel de la tierra” le da órdenes; un detective privado que se describe a sí mismo como “feo pero de buen cuerpo”, pelirrojo, de quijada dura y se hace llamar Malasuerte son los dos personajes que se dan cita en esta novela que se desarrolla lo mismo en la soleada Tijuana que en la ciudad de vicio, Las Vegas. Hilario Peña, quien es un consistente escritor de novela negra, nos brinda una novela llena de giros inesperados, humor, desenfado y que bebe del policiaco americano más puro. En Juan Tres Dieciséis, un atormentado boxeador escapa cuando despierta y se da cuenta que su esposa está muerta. En ese momento es contratado Malasuerte para descubrir al verdadero asesino, peor antes tendremos que desentrañar la cabeza de Juan, el boxeador.

 

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Trago amargo de F.G. Haghenbeck

Sunny Pascal es un detective beatnik, “mitad mexicano (su madre es de Puebla), mitad americano (su padre vive en San Diego). Mitad gringo, mitad alcohólico, mitad surfer, mitad vivo, mitad muerto”. Aunque lo de mitad alcohólico lo podemos poner en duda, porque la mayor parte de la trama se la pasa bebiendo. Cada capítulo de esta novela abre con la preparación de un coctel y es salpicado con el humor ácido de Haghenbeck, tan cortante como el de Chandler en sus buenos tiempos. La trama se desarrolla en 1963, durante el rodaje de la película La noche de la iguana en Puerto Vallarta, Jalisco. Sunny, siempre con tragos encima, deberá hacer lo posible para que Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr, Sue Lyon y Elizabeth Taylor no se acaben matando con las pistolas de oro que les dio el director John Huston. De principio a fin una novela entrañable.

 

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Otras caras del paraíso de Francisco José Amparán

Publicada en 1993 y reeditada hace un par de años por Almadía en su colección negra, Amparán ha pasado de largo para los lectores en México. En esta novela un profesor-ingeniero, Francisco Reyes Ibáñez, se dedica a buscar a una mujer en el norte de México y acabará topándose con una red de muerte que lo sobrepasa. Perfectamente bien armada, con su buena dosis de humor y crudeza, Otras caras del paraíso es el testamento de un escritor que por vivir fuera del centro ha sido poco valorado.

 

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El pilón

Dos inconseguibles: La saga de Ifigenio Clausell, el detective que vivía en la calle Aguayo del centro de Coyoacán, que bebía en La Guadalupana y que pobló las páginas de las novelas Trampa de metal, Muerte en la carretera y Al calor de Campeche. Todas obras de Rafael Ramírez Heredia y que ahora viven en el olvido. Y claro, El cadáver errante de Gonzalo Martre, donde un detective de gabardina y mucha labia se pierde en el Sinaloa de los noventa.

 

 

 

>Iván Farías (Ciudad de México, 1976) es narrador y crítico de cine. Ha publicado dos libros de cuentos y dos de ensayo. Con el libro Entropía se hizo acreedor al Premio Beatriz Espejo de cuento en el 2003 y fue considerado por el periódico Reforma como uno de los mejores de ese año. Ha sido antologado en El cuerpo remendadoLados B y Bella y Brutal Urbe. Ha publicado cuentos y artículos en diferentes revistas y periódicos de circulación nacional en México como Reforma, La Jornada, Complot, Replicante, Gótica, Generación y Playboy. Es articulista de La Jornada de Oriente y crítico de cine para Playboy.com.mx.

Autor: administrador

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