Necios y sordos

 

 

Por Joaquín Segura

 

¿Cuál es el lugar idóneo para ejercer la crítica? Si acaso ese sitio como tal existe, claro. La obligación de establecer un contrapunto que funcione como un factor de equilibrio para la creciente sobreproducción en el circuito de las artes visuales, tanto en México como en un contexto global, no es algo que esté en duda. La necesidad es contundente, sobre todo tomando en cuenta los relativos parámetros de consistencia y calidad a partir de los cuales opera la práctica artística contemporánea, a todas luces laxos y ligados de manera indisociable a las dinámicas que rigen el mercado actual. Pero lo que resulta igualmente imprescindible es discernir las motivaciones que yacen detrás de estas iniciativas críticas. O en México a últimas fechas, lastimeros ejercicios de denostación gratuita que más que establecer los cimientos para un espacio de diálogo y retroalimentación, se regodean en un profundo desconocimiento del medio, su poliangularidad y, sobre todo, de la pertinencia de hacer arte, aquí y ahora.

La estructura del arte contemporáneo es un territorio vivo y en cambio constante: dista diametralmente de los parámetros de apreciación vigentes hace apenas algunas décadas, incluso de forma tan dramática que intentar un acercamiento a determinado artista y su trabajo en términos puramente formales no sólo resulta caduco sino inequívocamente reaccionario. Un artista en este momento, o al menos aquel que importa, no produce sólo objetos. La labor del artista debe ser erigirse como un generador de pensamiento crítico y actuar en consecuencia de ello. No hay más ruta que ésta. La manera cómo aquello se manifiesta puede ser diversa pero si no gesta repercusión alguna en su contexto inmediato, independiente del soporte en que se desarrolle, el acto de creación no se concreta.

Protesta contra la reciente Reseña de la Plástica en Nuevo León

Protesta contra la reciente Reseña de la Plástica en Nuevo León

Basta un evidente ejemplo para esta tendencia crítica mal dirigida: la vituperada Avelina Lésper, a la que algún despistado en un momento de evidente complacencia le asignó el epíteto de “crítica de arte”. Son aquellos aturdidos los mismos que confunden moderno con contemporáneo y que a falta de un mejor adjetivo para aquello que no comprenden del todo –porque no hacen ningún esfuerzo por ello-, le llaman simplemente “conceptual”. Lo preocupante con este caso no es ella misma, ya que su incidencia real se anula automáticamente por lo limitado de sus argumentos y la falta de un discurso como tal, acotando su quehacer al descrédito automático hacia cualquier manifestación artística que se desarrolle fuera del ámbito pictórico o escultórico. El daño real que ejerce es la animadversión que fomenta entre el público no especializado, que ven en esta ridícula figura a la redentora de su causa perdida.

Un reflejo indirecto de esta discusión estéril es la polémica generada recientemente por los resultados de la Reseña de la Plástica en Nuevo León, el capítulo más reciente de la comedia involuntaria en que se ha convertido la resistencia a diversas manifestaciones del arte contemporáneo en México. El problema es claro: un férreo neo-conservadurismo permea el circuito nacional, privilegiando indiscriminadamente forma sobre contenido. Resultaría ocioso reparar en la serie de alegatos ejercidos por un sector de creadores que se sintió vulnerado por la escasa inclusión de medios como dibujo o pintura en este certamen. Lo consideraron un intento expreso de marginación hacia estas disciplinas por parte del jurado, compuesto por Rubén Gutiérrez, Octavio Avendaño y Mónica Villegas, artista, curador y gestora, respectivamente. Todos ellos agentes activos en el panorama nacional. La mención de este hecho no es injustificada si consideramos ambos fenómenos como distintas manifestaciones del mismo absurdo: el triunfo de la ceguera.

¿Cuál es la agenda de la pseudo-crítica? Si lo que se busca a partir de este tipo de aproximaciones es convertir la descalificación arbitraria y sorda en un acto de cuestionamiento –siempre necesarios-, el único resultado posible es una polarización que en nada contribuye a un contexto en emergencia en el que efectivamente queda mucho por discutir. La crítica debe ser también un ejercicio creativo y aquí se propone la falta de imaginación y riesgo como instrumento discursivo. Ante esto, sólo queda enunciar lo siguiente: sigan despreciando, nosotros seguiremos haciendo. La última palabra siempre ha estado de nuestro lado.

 

Joaquín Segura (Ciudad de México, 1980) Artista visual. Vive y trabaja en México, DF. Su obra se desarrolla en plataformas como la instalación, fotografía, acción o video y ha sido mostrada en exposiciones individuales y colectivas en México, Estados Unidos, Europa y Asia. Ha expuesto en recintos como la Sala de Arte Público Siqueiros, Museo de Arte Carrillo Gil, La Panadería, Museo Tamayo Arte Contemporáneo en México, así como El Museo del Barrio, Anthology Film Archives, White Box y apexart, New York, NY, LA><ART, MoLAA, enLos Angeles, CA; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, España, National Center for Contemporary Art, Moscú, Rusia y el Museo de Arte Moderno de Fort Worth, TX entre muchos otros. Es miembro fundador e integrante del consejo de SOMA, México, DF.

 

Autor: administrador

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Comentarios

  1. Gustavo Rico Navarro dice:

    1. Avelina es una crítica de arte porque critica arte ¿es eso un despiste?

    2. Porqué jugar con la reiterada e insostenible idea de que el público no comprende? ¿no sería mejor afirmar que hay un mar de artistas que comunican insuficientemente?

    3. Avelina no tiene argumentos limitados. Duchamp si los tiene. Por eso Toda la argumentación de Duchamp es un juicio de autoridad y su validez es contínuamente refrendada por los canales institucionales sin los cuales no sobreviviría. La fuente afuera del museo vuelve a ser un orinal.

    4. No es una posicion neoconservadora privilegiar la forma sobre el contenido. Esa es una posición del arte en general; por eso el artista se dedica esencialmente a darle formas convincentes a sus ideas; de no ser así mejor se dedicaría a la filosofía o al mercadeo. Aunque esas últimas dos opciones sean perfectamente válidas para artistas cuyas formas insuficientes solo puedan tener cabida en un mercado en el que la arbitrariedad institucional y el juicio de autoridad los validen como herencia de Duchamp.

    5. Sigan haciendo pero no cosas despreciables porque la última palabra no la tienen ustedes sino el peatón desdeñoso.

  2. Jose Lopez Moctezuma dice:

    Cálmate muchacho suenas tan autoritario como Siqueiros hace 50 años, ya todos sabemos que Avelina no trae nada, pero yo veo mas peligroso tu posición y mas viniendo de alguien que se dice artista con temática política, la formula del artista como formulador de pensamiento critico también se les esta acabando ya.

  3. Rolando Garduño dice:

    Por qué será que en México tenemos la mala costumbre de descalificar y además de hablar sin razonar. Para el señor que alude a Duchamp tengo una pregunta. Usted entiende que significa dadaismo y cual es su razón de ser? Al contrario me parece que Avelina asegura que solo cierto tipo de pintura es arte, lo que ya es un alarde grave de ignorancia; por el contrario, a propósito de Duchamp que cuestióno a toda una generación.

    Yo sugeriría, que antes de hablar con tanta autoridad sobre formas o contenidos, primero nos pusieramos a estudiar un poco de historia del arte y tratar de entender lo que significa y cómo ha evolucionado en los últimos 400 años. Por otro lado, la forma es tan importante cómo el contenido, viven en relación simbiotica.

  4. […] Joaquín Segura escribe sobre la labor del artista como un generador de pensamiento crítico y cuestiona el trabajo de críticos de arte que desacreditan obras sólo porque no entran en el ámbito de la pintura o escultura: "¿Cuál es el lugar idóneo…  […]

  5. anonimous666 dice:

    Te faltan argumentos convincentes, lee el Blog de Avelina, pero léelo con cuidado y aprende.te darás cuenta que quien carece de conocimiento eres tu.