Música Gourmet – Systema Solar

 

 

LA REVANCHA DEL BURRO – SYSTEMA SOLAR (SAMBUMBIA PUBLISHING, 2013)

Por José Antonio “H” Martínez

 

Es cierto que hay una historia detrás de cada disco que llega a nuestras manos. Algunas más difíciles que otras, pero todas son invariablemente un anecdotario completo y a veces hasta complejo de la placa y la banda que la origina. A la biografía de los discos se suman las historias personales; las que cada escucha desarrolla en torno al fonograma y a las peripecias que han de suceder para el afortunado encuentro entre uno y el plato.

Así sucede conmigo y “La Revancha del Burro” del grupo colombiano, más específicamente de la región caribeña de aquel país, Systema Solar, un combo creado a finales del 2006 para abrir la bienal de arte de Medellín MDE07.

Hace tres años, gracias a las telenovelas colombianas que retratan la vida de los narcos, comencé a escuchar el trabajo de gente como ChocQuibTown y el propio Systema Solar. Confieso que de entrada el fenómeno me pareció nada más interesante desde el punto de vista antropológico, sobre todo por su relación con la champeta o los sound systems colombianos, mejor conocidos como pikós.

En poco tiempo el interés se volvió fascinación, a grado tal que me sentí más que emocionado cuando en 2012 Puerquerama, la banda en la que milito, y Systema Solar estarían juntos en el Festival Vive Latino. Desafortunadamente esto no pasó por diversas razones. Me quedé con las ganas y cierta frustración, lo que sucedió cada que la banda se presentaba en México.

Systema Solar

Por fin, hace poco más de una semana que en Toluca, mi ciudad natal, pude disfrutar del concierto de estos peculiares músicos y, además, salir del Foro Landó con un gran trofeo en las manos: su más reciente material.

Con la emoción desbordada y las manos temblorosas desgarré el plástico que encerraba este tesoro. Saqué el disco y con grandes esfuerzos y varios volantazos logré ponerlo en el reproductor del carro, que no tardó en regalarme un loop construido con el sampleo de una gaita más que familiar por su presencia en tantas cumbias del país del aguardiente y las arepas. A este sampleo se suma un beat a lo house y el scratch de DJ Corpas.

Se trataba del primer track “Yo voy ganao” altamente rítmico. De lírica divertida y muy coloquial, recuerda a Totó y sus tambores. Es el inicio perfecto, la entrada ideal para el banquete que está por venir.

En segundo lugar llega el tecno de “NiTe NiNe”, que no es un título en inglés sino la contracción de “ni tengo, ni necesito”; oda a la vida sencilla y simple sin grandes pretensiones ni afanes de riqueza. El corte suena discotequero, bailador, pero muy latino gracias al acento de Índigo y John Primera.

Después nos encontramos con “María Casquito”, que es un bolero tecnificado, el lamento del (así como lo leen) zoofílico que ha perdido a su objeto del deseo: una burra. Y es que en la región del Caribe colombiano el fenómeno del abuso sexual de las hembras del jumento es algo bastante conocido, de ahí también el título del disco.

La portada del álbum editado en 2013. Foto: sitio oficial.

La portada del álbum editado en 2013. Foto: sitio oficial.

“La Esquina del Movimiento” es el número cuatro en la lista; una pieza champeteada y acubanada. Champeta, pikó y tumbas haciendo guaguancó, una combinación peculiar pero no extraña. De hecho, suena mucho a lo que en las calles y pistas de baile de Cuba se escucha desde hace muchos años. Es la reinvención de la Sonora Matancera.

“Antena” es lo que sigue. Cumbia negra colombiana, los pies arrastrándose y guiñando a la güira y el shekeré. Entonces llega el bombo que marca los 4/4 y un beat constante que se ve interrumpido por un sintetizador. De a poco van apareciendo los protagonistas de la rola hasta llegar a ser uno solo en conjunto. Se trata de una pieza futurista que habla de lo nefasto que resulta la televisión. Un tema trillado, sí, pero tratado por el Systema de tal forma que no suena a discurso gastado.

Le sigue “Indio Guerrero” y aquí de nuevo va el uso de la tecnología y los sonidos tradicionales; algo constante a lo largo del material. Es el homenaje necesario a los grupos olvidados, a los vejados y usados como mercancía turística. Esos que han pasado de seres humanos a souvenirs: los grupos étnicos, originarios o indígenas.

El siete en la lista es “Artificial”. ¿Balada o dance hall? No lo sé, pero es el descanso, el remanso para la reflexión. Además cuenta con el plus de la voz de Debbie Harry, la de Blondie. Una gran y grata sorpresa.

Para retomar la fuerza y el baile, pero sin dejar de lado las letras pensadas y pensantes, sigue “Eso Ke Es”, que a través de la historia del primo, del sobrino, de… cuenta cómo el vecino del norte, el Tío Sam, se apodera de los migrantes y los explota, y aún más, migra para explotar.

“El Botón del Pantalón” es la pura sabrosura, como diría El Gran Silencio. De nuevo la champeta tecnificada y la comicidad de las letras que caracterizan a este peculiar ensamble con nombre muy astrológico. Es lamento alegre, así, tal cual. Es el reconocerse pobre y explotado, pero también es el consuelo necesario ante dicho mal sin que sea, como dice el refrán, mal de muchos, por aquello de consuelo de tontos. También es la invitación a vivir dignamente con lo que se tiene, sin “bajarse el pantalón”, metáfora rústica pero deliciosa.

La cumbia aparece de nuevo con “La Rana”, que con el número 10 salta a la pista y entre porro, cumbia y sabor hace bailar hasta a los muertos. Luego el hip hop, tal vez gangsta. Recuerda a Missy Elliott, Snoop Dog –o como se llame ahora- y a las voces negras del Bronx y Harlem. Es agresiva en sonido y letra, parece regaño, pero es en realidad invitación a moverse y generar, a trabar y crear.

En el preámbulo al final encontramos “Machete”, que no habla del actor chicano degradado de mafioso mexicano a super héroe-villano caricaturizado y altamente ridículo. Se trata más bien de la descripción de una herramienta indispensable para todo campesino. Musicalmente hablando es muy negra, mucho tambor, muy candomblé, vodún, yoruba y demás sonoridades a las que se suman de manera perfecta y bastante bien integradas los analógicos. Una muy buena similitud de este sonido en nuestro país lo encontramos en Proyecto Maconha.

Para el cierre, la agrupación escogió “Tukupakata”, una onomatopeya un tanto graciosa pero muy cercana y cotidiana para los percusionistas porque es como se cantan los ritmos de origen africano, de los que se quiere emular el sonido. Las congas que abren la pieza suenan tu-ku-pakata; de nuevo el hip hop, el MC, la fiesta y el sabor latino. El cierre ideal para un material salido de la región caribeña.

El disco es una trampa, ya que a muchos puede sonarles soso o lo mismo que hacen muchos grupos banales e intrascendentes pero no es así. Hay que abrir oídos y mente para recibir el mensaje que llega del espacio y viaja a través del Systema Solar. Y es que la fiesta y el pensamiento profundo no están peleados, tal como lo demuestran los colombianos que hoy nos reúnen aquí.

 

 

 

> José Antonio “H” Martínez ha sido locutor, productor y guionista de diversos espacios radiofónicos como Radio Mexiquense, MD Radio y Grita Radio. Además, es conductor del programa de Televisión Mexiquense “El personaje del barrio”, músico desde hace 20 años y ha integrado las filas de bandas como “Crímenes Perfectos”, “Góngora”, “San Pascualito Rey”, “La Sabrosa Sabrosura” y “Puerquerama”, combo con el que tiene 12 años de carrera. Colaborador del periódico Milenio Estado de México durante el 2006. Editor y corrector de estilo del diario Alfa.

 

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