Música Gourmet – Radaid

THE WILLING (PARTE I) – RADAID (INTOLERANCIA, 2012)

Por José Antonio “H” Matínez

 

Para los antiguos egipcios, Ra era la personificación del sol, el origen primigenio del universo y la deidad responsable del ciclo de vida, muerte y resurrección. Se le representaba como un halcón antropomorfo que en la cabeza, a manera de tocado, portaba el disco solar y, como en la mayoría de las culturas, se le rendía culto y se le encomendaban los mortales.

En este punto, seguramente habrá quien se pregunte si este texto es la reseña de un disco o un ensayo sobre mitología. Sin reparo he de decir que se trata de ambas, pues Radaid es un grupo que desde el nombre (que significa hijo o protegido del sol) tiene mucho de misticismo y espiritualidad.

Desde su prehistoria, en 1998, esta agrupación jalisciense ha integrado la tradición musical del mundo y la propia en su trabajo (por lo que ha sido catalogada como World Beat), siempre con una visión contemporánea o contemporaneizadora y, si bien es cierto que existe un buen número de proyectos con estas características, su caso es destacable por la experimentación y los riesgos que conlleva.

 

El grupo originario de Guadalajara cumple 15 años de vida en este 2014. Foto: Facebook oficial.

El grupo originario de Guadalajara cumple 15 años de vida en este 2014. Foto: Facebook oficial.

 

A lo largo de las producciones “Radaid”, aparecida en 2003; “Luz escondida”, de 2006, y “L’intent”, de 2009, los oriundos de la tierra de las tortas ahogadas seguían una línea bien definida y en la que no había grandes variaciones (algo que no mermaba la calidad del trabajo), con atmósferas orientales propiciadas por citaras, tablas, darbukas, crótalos y demás instrumentos propios de las culturas asiáticas y árabes. Estos eran el común denominador (pero no integrados de manera común y corriente) aún en piezas como La Martiniana o la bastante conocida y trillada Perdón, de Pedro Flores.

En 2012, aparece “The Willing” (llama la atención que entre cada disco haya tres años de diferencia, quizá de nuevo la alusión a lo mítico-mágico), la cuarta producción de la banda que sorprendió gratamente a muchos y decepcionó a otros tantos, lo que le significó nuevos oídos y críticas bastante duras. Este álbum representa –desde mi punto de vista- si no el rompimiento, sí el replanteamiento de su camino.

El material, que consta de 10 temas, va de la oscuridad a la luz, del pop al trip hop y de lo banal y cursi a lo profundo y místico sin temores ni reparos, algo que se agradece, pues siempre es grato encontrarse con músicos y, en general, con gente que se arriesga y atreve.

Color Gris, el número uno de la lista, es en sí toda una paradoja. La música, primero lenta y un tanto gris (como indica el nombre), poco a poco se torna alegre y acompaña la voz de Sofía Orozco, que abraza con calidez alma y oídos; la pieza suena pop y ligera. ¿Es cursi? Sí, pero también es buena.

Enseguida llega The One, que bien podría definirse como folk con tintes celtas. El violín, la cejilla en la guitarra y la rítmica provocan que desde el inicio uno espere ver salir a un grupo de escoceses ataviados con klink saltando gaita en mano. Tras unos acordes, el sonido se vuelve rockero pero no estridente. De nuevo, la letra es bastante light (con perdón por el anglicismo).

 

Portada del álbum distribuido por Intolerancia.

Portada del álbum distribuido por Intolerancia.

 

Farewell y Michelle rompen de tajo con la felicidad de los cortes anteriores. Son, como dijera Alex Lora, una triste canción de amor, del amor fallido, de los juramentos para toda la eternidad y de la soledad, de la pérdida de lo querido y de la depresión consiguiente. Es un tema trillado que toma otro sentido y sin ser lugar común o valerse del chantaje sentimental logran calar en quien las escucha.

Como dice el refrán, después de la tormenta viene la calma y así llega I Set Aside, la cual se convierte en un descanso para corazón, ojos, hígado y garganta. La música es suave, melódica y sutil; reconfortante al igual que la lírica.

Para quienes extrañaban al Radaid de “antes” y que se hallaban desencantados sigue Within Silence, que abre con un mantra e instrumentos de viento y cordófonos que remiten a los sonidos del Tíbet o de los extensos desiertos del medio oriente donde la voz del almuédano llama a la oración. El track, que es al estilo Dead Can Dance (inevitable la comparación), puede ser la reconciliación con los fans que reniegan del cambio.

Cuando uno piensa que en adelante el disco será como los de antaño llega Sebastián, una pieza bastante Industrial en la que destacan los sintetizadores, baterías eléctricas y sampleos. La lírica, que es en alemán, inglés y español, deja mucho a la imaginación; uno puede asumir que se trata de un amor idealizado, de un ser etéreo, o, en todo caso, de un vampiro. En conjunto, música y palabras hacen de esta una rola oscura.

 

 

Durbiyak, más que un corte se antoja como un divertimento, una licencia que se da el grupo pero con la que refuerza lo logrado en el tema que le precede. También puede asumirse como una oración en la que no hace falta más sonido que la voz.

Al inicio hablaba de ciertos toques de trip hop, con reminiscencias de Tricky, Portishead y muchos más, que se presentan en (-2N+2P). En esta canción la tecnología y los instrumentos ancestrales, como la tabla hindú o el laúd, se conjugan y logran hacerla deliciosa y deleitable.

The Willing, que es simple y breve, cierra a la perfección el material. Es una despedida grata, nada ostentosa ni pretenciosa que demuestra que la agrupación ha llegado a tal grado de madurez que puede ir de lo profundo a lo banal sin perder su esencia ni perderse en el camino; es el sello de cera que se impone tras la última palabra.

En lo personal, The Willing representó un gran reto porque es uno de los discos que más me ha gustado y al mismo tiempo el que más trabajo me ha costado reseñar, quizá porque vino a cuestionar y derribar muchos prejuicios y estereotipos. Es, considero, un excelente trabajo que vale la pena escuchar con oídos dispuestos y mente en blanco, pero sobre todo abiertos y con amplio criterio. El álbum demuestra que no hay que temerle al pop y que, contrario a lo que se cree, en este género también puede haber calidad.

 

 

 

 

> José Antonio “H” Martínez ha sido locutor, productor y guionista de diversos espacios radiofónicos como Radio Mexiquense, MD Radio y Grita Radio. Además, es conductor del programa de Televisión Mexiquense “El personaje del barrio”, músico desde hace 20 años y ha integrado las filas de bandas como “Crímenes Perfectos”, “Góngora”, “San Pascualito Rey”, “La Sabrosa Sabrosura” y “Puerquerama”, combo con el que tiene 12 años de carrera. Colaborador del periódico Milenio Estado de México durante el 2006. Editor y corrector de estilo del diario Alfa.

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