Morir de Noche

Cifras de una muerte lenta

 

Por Alfredo Padilla

 

El cuerpo de una sicaria es desmembrado e introducido en una hielera. Fuerzas federales, integradas por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, abaten a cuarenta y tres presuntos integrantes del cártel Jalisco Nueva Generación. Diez hombres, entre empleados y clientes, son ejecutados en una Agencia Corona Bud Light en el municipio de García, Nuevo León. Niños matan a menor de seis años por jugar a ser narcos.

Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, decía el novelista español Miguel Delibes, autor del ensayo 25 años de escopeta y pluma (1995). Morir en México es morir a la intemperie, en el desierto, entregado a la futilidad y la indolencia; desmantelado, al acecho de los buitres, las empresas funerarias, los panteones públicos o concesionados; en busca de una cavidad donde descomponerse. En México la tierra no es de quien vive, trabaja o muere en ella, sino de quien puede costearla. ¡Qué porción pequeña de tierra nos aguarda cuando estemos muertos! Lo decía Filipo II de Macedonia, quien fue enterrado en el Gran Túmulo de Vergina, un complejo funerario por demás ostentoso.

Muchas de las víctimas de la violencia en este país no descubrirán su lugar de descanso, no hay tregua para los interfectos, ni definitiva, ni humanitaria. Cadáveres que surcan los ríos y arroyos de las pequeñas ciudades, hundidos en lo más profundo de las represas, los diques, los pantanos; olvidados en pozos recónditos, soterrados y amontonados en fosas improvisadas en medio de la nada; disueltos en ácido, lanzados sobre pasos desniveles, confinados en bolsas, arrinconados en baldíos, abandonados en el interior de los automóviles, desmembrados.

Armando Vega-Gil

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante los primeros siete meses del año 2015, 10607 personas fueron asesinadas en México. Tan sólo en el mes de mayo, se denunciaron 1463 homicidios, mientras que en julio, 1637 personas fueron asesinadas en el país. En dicho mes, perdieron la vida de forma violenta 53 individuos todos los días, o lo que es lo mismo, dos personas cada hora. La mitad de los homicidios fueron cometidos con armas de fuego. Entre las víctimas de esos asesinatos hay militares, policías y presuntos delincuentes, pero también candidatos a distintos cargos, migrantes, jóvenes y niños. Cuando los servicios fúnebres no son costeados por los gobiernos correspondientes, como funerales de estado por bajas o “daños colaterales”, los familiares tienen que adecuarse a las tarifas que ofrecen las compañías mortuorias y los cementerios, para el gravoso descanso del finado. Se tiene que pensar en cuotas cuando se debe especular en la muerte, hundir la mano en el bolsillo y no encontrar más que congoja, recuerdos, retentivas, culpa. Preocuparse por el dinero para pagar un agujero, adquirir un cajón donde atesorar todos esos huesos, todas esas conmociones mutiladas, pagar por la muerte es gastar sin cavilar.

“Si no vas a usar el cinturón de seguridad, anota nuestro teléfono”, reza el eslogan publicitario de Funerarias J. García López, del Distrito Federal, en donde las cotizaciones son manejadas a partir de promociones, planes o paquetes, como quien consume comida rápida en un McDonald’s. Los precios van desde los $39,000 a los $54,900 dependiendo del paquete, ya que existen planes como el Preferente, el Clásico y el Pedregal E, que cuenta con Asesoría y atención personal las 24 hrs., trámites y pago de honorarios gubernamentales —en caso de muerte natural—, arreglo estético, ataúd Alfa madera o Árgel, homenaje en una sala con capacidad de 95 personas en circulación. Además de esto, proporcionan servicios de arreglos florales con entrega directa en sala, video homenaje, publicación de esquelas y esquelas interactivas en línea, traslado ejecutivo en pullman o camionetas, servicio de cafetería en sala, cuarteto musical, ceremonias religiosas, transformación de cenizas en diamantes, ceremonias en locaciones extraordinarias y registros de estrellas. Es necesario que la religión no fomente costosos funerales. ¿Hay cosa más natural que prescindir de la diferencia de fortunas en una ocasión en que la suerte las iguala a todas?, opinaba Montesquieu, en ‘El espíritu de las leyes’ (1747).

Violencia

La muerte en los menesterosos siempre es más dolosa. El suelo de México es espacioso, 1.973.000 km² de extensión territorial. Sin embargo, es dificultoso adquirir un tramo de tierra para yacer en él. Mientras que Pekín promueve entierros alternativos ante la falta de suelo en cementerios, debido a que su población es de 21.000.000 de habitantes, de los cuales cada año mueren entre 80.000 y 90.000 personas tan solo en la capital china. México tiene una tasa de mortandad de 5,26 muertes por 1.000 habitantes, según el ‘Libro Mundial de Los hechos’, una publicación anual de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Los panteones en el país son inagotables, tan solo en el Distrito Federal actualmente existen 117 cementerios; aun así, los servicios lúgubres siguen representando un gasto mayor para los sectores más desprotegidos.

La pregunta es: ¿si puedo enterrar a mi perro en el jardín, por qué no puedo hacer lo mismo con mi madre o mi hijo? El código sanitario y el reglamento de los cementerios lo prohíben, sólo en panteones legalmente autorizados podrá efectuarse la inhumación de cadáveres o restos humanos. Por lo que los parientes o allegados al difunto, tendrán que apegarse a los costos y lineamientos de los panteones municipales o privados. La tierra es de todos, tenemos que producir para atender a las demandas humanas en sintonía con los ciclos de la naturaleza y con sentido de equidad en la distribución de los beneficios y servicios, piensa el filósofo brasileño Leonardo Boff. Sin embargo, en los cementerios no parece ser así, puesto que tan sólo la excavación del agujero para la fosa tiene un costo de $92,00 según la tarifa de cementerios de 2016, basados en el salario mínimo general vigente de la zona. La inhumación temporal con bóveda tiene un costo de 20 salarios mínimos: $1,911,84 mientras que la inhumación temporal sin bóveda tiene un precio de 15 salarios mínimos: $1,024,20. Además de otras cuotas que son verdaderamente risibles, como permiso para pasar con vehículo y servicio de agua (dos botes). La inhumación en fosa común (el lugar donde se entierran los cadáveres que por diversas razones no tienen sepultura propia) es gratuita. ¡Fosa común!, abierta para el hombre que cae a otra vida inmediata donde no hay la pobreza, sino el trabajo que se vuelve roca, escribió Gonzalo Rojas en el poema ‘Fosa común’, (‘De la miseria del hombre’, 1948). Las fosas son gratuitas, pero el honor no lo es, ni la dignidad que cosechó la persona con sus manos, fallecer en fosa común es extinguirse en el olvido, devuelto, soterrado al descuido y la humillación.

Muerte

Siguiendo con las referencias a China, en algunos casos, los funerales además de servir como despedida a la persona con una misa de difunto, se ofrece un espectáculo de streaptease a fin de atraer a un mayor número de dolientes. Este servicio lo brinda al menos una docena de compañías en el país del Sol naciente. En dicha asistencia, un par de mujeres jóvenes bailan y se desnudan lentamente al ritmo de una música estridente y jocosa sobre las cárcavas o a unos pasos del féretro, frente a las miradas impávidas de niños y ancianos.

Los funerales celebran el cruce de otra frontera, en muchos sentidos el más formal y prolongado de todos, escribe J.G. Ballard en Noches de cocaína (1994). No he asistido en México a funerales que no sean dramáticamente dolientes como para sentirse aclimatado. Lágrimas, gimoteos, lamentos, gritos, episodios, dramas y secuencias que los medios masivos de comunicación nos han obsequiado y que nos dictan, de manera maquillada, cómo es que debemos comportarnos en los funerales. Lejos ha quedado el oficio de las plañideras o lloronas, que sollozaban por dinero en donde había una escasa presencia de dolientes, labor que realizaban algunas mujeres viudas de mediana edad. Lamentos que se convertían en gritos desconsolados, golpes fuertes en el pecho, tirones de cabellos, paletadas de tierra en el cuerpo, teatralización del dolor.

Las oníricas festividades del 2 de noviembre, día de muertos, tienen por completo una sombra metafórica. La idea de que el mexicano se come a la muerte es un atributo erróneo más en el inconsciente colectivo, creer en lo que no es. La muerte y sus consecuencias, sus costos suicidas, sus trámites burocráticos no son en lo absoluto “dulces” para los bajos niveles económicos de la entidad mexicana; son un trago amargo imposible de saborear. La hilaridad por la muerte en México es una risa nerviosa.

Muerte

En la cultura del narcotráfico, el choque con la muerte es diferente, como dice el narrador michoacano Darío Zalapa: “el breve periodo de vida de un individuo dentro de la mafia es el precio de los metros cuadrados que ocupará su mausoleo”. Mientras que para las clases más bajas basta con una inhumación en falso, para el narcotraficante es primordial la parafernalia; construyen bóvedas a meta perpetuidad, por lo general en panteones estatales; bóvedas o búnkeres pomposos con monumentos de granito, cantera o mármol. Algunas tumbas de los miembros abatidos del Cartel de Sinaloa poseen aire acondicionado, WiFi, cine, cocina y dormitorios, para que sus familiares se sientan cómodos al momento de visitarlos; el sistema de música integral del mausoleo detecta en el momento la presencia de personas y modifica el volumen según donde se encuentren los visitantes, entre otras extravagancias, asegura el periódico británico Daily Mail. Dichas tumbas cuestan casi medio millón de dólares. Para los narcotraficantes, la muerte es un tema en el que no se sabe escatimar, es lo único que tienen asegurado dentro del oficio.

No obstante, no todos contamos con un metro cuadrado de tierra asegurado; en Oaxaca, Veracruz y Guerrero, las fosas pueden comprarse desde $955,00 con inhumación en sellada de fosa, lo que equivale a 145 salarios mínimos (M.G.Z), hasta los $1,911,84 con hechura de bóveda grande. Las medidas de las fosas son de 2.60 x 1.10 m, la bóveda por lo general mide 2.25 m x 75 cm. Para los infantes, las medidas son de 1.60 x 1 m, mientras que la bóveda mide 1.50 x 50 cm. Por lo tanto, el metro cuadrado de tierra en los panteones municipales es de $668.47 con hechura de bóveda grande, y $333.91 con inhumación en fosa sellada.

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, diría el poeta chiapaneco; ¿por qué no los dejan fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte?, ¿o por qué no quemarlos, o darlos a los animales, o tirarlos a un río? Nicolás Dávila, un ciudadano más del noreste del país, piensa que nadie está preparado para encarar a la muerte, y en esas condiciones se deben afrontar también el pago de servicios como la certificación del acta de defunción, el traslado e inhumación de los restos mortales, la apertura de la fosa para enterrarlos o la disposición de un espacio en el cementerio, además del velatorio, todo lo cual suma una cifra importante. Por lo que él desea que, una vez muerto, su cuerpo sea lanzado al mar para ser digerido por tiburones. Suena descabellado, pero no sería mala idea regresarle a la naturaleza un poco de lo que nos ha brindado.

El precio de la tierra o la renta del suelo es capitalizada. Como no es resultado del trabajo del hombre, la tierra no posee valor. No obstante, la tierra es de propiedad privada y entra en la circulación de mercancías, se vende y se compra. De ahí que la tierra posea precio. El precio de la tierra “es el precio de compra no de la tierra, sino de la renta del suelo que ésa produce calculada en consonancia con la tasa de interés corriente”, según Carlos Marx.

Sangre

En cuestiones de espacios, Querétaro es uno de los estados que ofrece la tierra más cara para su uso industrial: $12,792 por metro cuadrado, siendo Durango el estado con el precio más accesible: $336,00, mientras que en Monterrey el costo es de $2,552. El precio de la tierra en este país es dispendioso; el precio de la tierra industrial, la tierra agrícola, el retazo de tierra para fallecer. Sería prescindible saber cuánto cuesta el metro cuadrado en villa miseria o en la casa blanca de Enrique Peña Nieto; el metro cuadrado en las fosas clandestinas, el metro cuadrado en las maquiladoras que están rodeadas a su vez de miles de metros cuadrados de viviendas parecidas a cajas de cerillos; el metro cuadrado de minas explotadas en el subsuelo mexicano, el metro cuadrado de cadenas hoteleras acabando con las barreras naturales contra huracanes en la riviera maya, el metro cuadrado de desierto en la frontera con los Estados Unidos; el metro cuadrado de hospitales, parques, escuelas, contra el metro cuadrado de corporativos con empleados aglutinados como pollos de Kentucky Fried Chicken. El metro cuadrado de drogas, el metro de armas, el metro cuadrado de sangre.

Cuerpos desmembrados de hombres seguirán yaciendo en los baldíos, reventados por los rayos del Sol, con el cerebro expuesto; cadáveres de civiles serán alojados en recónditas fosas comunes; jóvenes que esperarán en la cámara frigorífica para ser enterrados, aunque el dinero no alcance, aunque el dinero no lo sea todo. El día de mañana violarán y matarán a una chica en lo profundo de un callejón oscuro. Su cuerpo no será reclamado en la Semefo.

Morir en México es costoso, no obstante, la muerte del mexicano es baldía, opina el mismo hombre que desea ser manjar para los peces; morirse es lo más elemental del mundo, uno puede salir a la calle y encontrar a la muerte en cuestión de segundos, hay una muerte para todos los gustos. Pero “descansar” es lo engorroso, demasiado dinero, demasiada política, demasiada burocracia.

En este país se puede morir gratuitamente por escribir un artículo periodístico, por ser homosexual, prostituta, mujer; morir por defender una causa, un derecho, por amparar a los demás; por ser joven, por ser niño; morir en la iglesia, de forma gratuita, afuera de los hospitales a falta de dinero; morir de pobre, morir en México es morir mil veces, de todas las formas posibles, morir de facto, morir desdichado, fracasado, impotente, morir a oscuras. Morir en México es morir de noche.

Narco

 

 

>Alfredo Padilla es narrador, periodista cultural y orgulloso papá de André. Estudió comunicación en San Luis Potosí. Escribe sobre literatura, música y cine para varias revistas y periódicos del país. Ganador del Premio Manuel José Othón de Narrativa 2014. Twitter: @_PadillaAlfredo

Autor: administrador

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