#MiseriaPostConceptual

 

 

Por Daniel Aguilar Ruvalcaba

 

Andrew Birk lleva hasta el ridículo una de las estrategias patentadas -simbólicamente- por los artistas visuales de la generación NAFTA (Gabriel Orozco, Gabriel Kuri, Abraham Cruzvillegas y Damián Ortega), que es la caminata, la deriva por la Ciudad de México para topar, casualmente, con la otredad y embellecerla alquímicamente. Andrew, mediante Instagram, actualiza esta estrategia postconceptual que en su momento y contexto fue puntualmente innovadora y que ahora está agotada frente a la producción y circulación de imágenes en la web 2.0.

Andrew al realizar, ya no de forma escasa sino incansablemente estos encuentros con la poesía urbana hace una diferencia tajante entre los modos de producción artística de los 90 que mostraron poco interés en los incipientes medios digitales y no alcanzaron a vislumbrar el potencial en la distribución de imágenes y los nuevos modelos de trabajo de nuestros días, caracterizados por la generación y circulación frenética de imágenes por la sencilla y perversa satisfacción de compartir algo, léase el texto Athletic Aesthetics del artista Brad Troemel.

Ahora aprovecho para malinterpretar al filósofo Franco Berardi, “Bifo”, que dice que la economía neoliberal no es otra cosa que la administración de la escasez de los bienes comunes y en ese sentido los medios análogos de realización de imágenes no son otra cosa que la afirmación de esta lógica.

Parece ser que para el postalfabeta Andrew los géneros del arte contemporáneo no son otra cosa que un trendtopic. Es decir, para diferenciar los disímiles medios en que se dispersa la experiencia estética contemporánea no hace falta otra cosa más que una almohadilla (#). Otra detalle curioso es que los filtros de Instagram simulan con gracia el efecto poético que la fotografía análoga construye, por ejemplo, en las fotos de Gabriel Orozco; ya saben la cosa vintage que aparentemente hace menos vulgar y más cálida la trivial imagen digital.

Birk está conciente de su irrevocable mirada turística -pues a diferencia de otros seres ingenuamente sensibles de origen anglosajón que vienen acá a revivir la fracasada fantasía anti-colonial, él se sabe irreversiblemente blanco- y a su vez entiende del exótico comportamiento de estas imágenes entre el grueso de la población de los países  desarrollados o entre las clases medias altas mexicanas.

Lo más sobresaliente al ver estas fotos es que para Birk la Ciudad de México ya no es un laboratorio de encuentros poéticos sino un gigantesco parque de diversiones, es decir, una bienal de pornomiseria postconceptual inagotable y tautológica.

http://instagram.com/andrewbirk

 

Autor: administrador

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