Mi primera UANLeer

 

 

Por Orfa Alarcón

 

Muy grata sorpresa para mí fue la UANLeer, una feria del libro hecha con libros, letras, escritores, conciencia y lo mejor: amor por compartir. Esta fue la Tercera Feria Universitaria del Libro, la primera para mí, ya que no había tenido oportunidad de asistir a las anteriores. No pierdo la objetividad al hablar de la UANLeer siendo egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Me queda más que claro que este es un esfuerzo que ya era necesario, que la lectura no ha sido durante mucho tiempo el mayor pasatiempo de los estudiantes de la UANL y que incluso para los que estudiábamos letras, contar con libros era un verdadero lujo. Por problemas de distribución, de ediciones agotadas e incluso de dinero escaso, no me dejarán mentir los compañeros de mi generación de letras cuando digo que gran parte de la carrera la leímos en fotocopias. Que me perdone el santo patrono de los derechos de autor, pero así fue. En ocasiones era eso o no leíamos. Por eso en la actualidad no me saco los ojos del sufrimiento cuando me entero que alguien ha leído mi libro en copias, incluso me puse muy contenta cuando me enteré de que mi “Perra brava” ya existía en versión pirata afuera del metro Hidalgo en el D.F.

Facultad de Filosofía y Letras de la UANL

Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Foto: Orfa Alarcón

Por mi función como editora, más que como escritora, me ha tocado ir muchas ferias del libro. Debo admitir que a unas con más gusto que a otras, que ha habido incluso algunas ferias a las que he ido obligada por asuntos de trabajo. La feria de Minería, por ejemplo, a pesar de estar en un edificio tan bonito y albergar a tantas editoriales, me abruma por la cantidad de gente que la visita, por sus espacios cerrados y por la imposibilidad de caminar sin sentir que uno viaja en metro: los malos olores y el amontonamiento están a la orden del día y nada más falta que anden sueltos unos señores con bocinas y ruido a todo volumen, vendiendo mp3 de José José. Nunca he visitado esa feria de manera voluntaria, jamás lo voy a hacer.

En cambio la UANLeer en la explanada de Rectoría, con sus espacios abiertos, su cantidad perfecta de gente y sus actividades geniales… me enamora. Sí, al llegar a este punto ya nadie me cree lo de la objetividad.

El caso es que la UANLeer, a pesar de contar con poco espacio, tiene todo: presentaciones, venta, charlas, cursos, seminarios, ejercicios de concientización encaminados a una mejor comprensión de personas con ceguera o con discapacidades… todo, todo, ¡hasta conciertos! Y es que, a ver, ¿qué feria del libro puede reunir a músicos como Tony Hernández de El Gran Silencio, Beto Cuevas y autores de la talla de Élmer Mendoza, Eduardo Antonio Parra, Jon Lee Anderson y otros?

Yo quedé mal en una presentación, pero no me perdí la otra, y anduve de apuntada en todo lo que se pudo. Hasta me fui a comer todos los días a la cafetería de mi Facultad de Filosofía y Letras donde tienen un sazón maravilloso. Tomé muchas fotos. Me sentí maravillosamente en casa. No hay lugar como el hogar.

 

Escritora y editora, autora de Perra Brava (Planeta, 2010). @orfa

 

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