Fotografiar la ausencia

Por Adolfo Córdova 

 

Mariela nunca pudo ver el cuerpo de su padre muerto. A veces se queda en la calle mirando. Ve hacia las esquinas, los señores sentados en el café, un vagabundo. Trata de reconocer tras la ropa vieja y sucia y la cara vieja y sucia y el cabello revuelto, a su padre. Imagina que se encontrará a su padre a la vuelta de la esquina, tomando un café, durmiendo en un parque, pasando la página de un periódico. Mariela lleva 23 años dudando si su padre está muerto. La ausencia es duda. Nunca pudo ver el cuerpo de la muerte.

“Se buscan hombres de entre 68 y 72 años de edad y con ojos claros, parecidos al señor de la foto, para formar parte de un proyecto fotográfico. Interesados comunicarse al 15 36097839 o presentarse en la Plaza Colombia (Suárez y Brandsen/Barracas) de lunes a viernes entre 11 y 14:00 horas”.

Unos 64 años, pensaba Mariela. Como mi padre, pensé. Ella no estaba segura de cuántos años tendría su padre si viviera. Luego descubrió, platicando con su madre, que hoy Moisés tendría 71 años. Mariela busca a un padre que no existe, que tiene otra edad, que vive en otro país, que salió vivo del hospital o quizá nunca entró, que sobrevivió a su intento de muerte.

Moisés Sancari, el padre de la fotógrafa, murió de manera trágica cuando ella tenía 14 años de edad, pero Mariela nunca pudo ver su cuerpo luego de su muerte. En el verano de 2013, con una beca del FONCA, realizó un viaje al barrio de su infancia para emprender una búsqueda metafórica de Moisés. Instaló un estudio fotográfico en la pequeña plaza a la que iba a jugar de niña y colocó carteles y anuncios en los periódicos locales buscando a individuos con características físicas similares a las de su padre y de una edad que se le aproximara.

Yo la acompañé. Llegábamos a las 10. Nos íbamos a las 3. A veces no se aparecía nadie. A veces ningún señor quería que lo fotografiáramos. “Pregúntale a ese, mira, es viejo”, “No… a ese no”, “Mira el que va cruzando la calle”, “No, espera”, “Ese se parece un poco a tu papá”, “A ver… sí, tú dile, ¿o voy yo?”.

No quiso. Dice el señor que no le gusta que le tomen fotos.

“Se me hizo tarde, perdón”, llega uno de los hombres que han llamado por el anuncio del diario. “Póngase este suéter, mire a la cámara, ahora de costado, ¿puede mirar hacia la pared?”.

El señor nos canta una canción que arregló para una campaña publicitaria de una pasta. “Bailar pegados es bailar, igual que baila el mar, con los delfines, corazón con corazón en un solo salón con tallarines”. Nos pregunta si no conocemos a alguien en publicidad, que llamó a la compañía de pasta pero que no le dan cita. Quiere cantarles la canción.

La tanatología, explica Mariela cuando describe su serie, considera que contemplar el cuerpo muerto de los seres queridos ayuda a aceptar su muerte, a superar una de las etapas más complejas del duelo: la negación.

“Mi hermana gemela y yo no pudimos ver el cuerpo de nuestro padre. Nunca supe si porque había sido un suicidio o por dogmas de la religión judía o ambas. No haberlo visto nos ha hecho dudar de su muerte de muchas maneras”, dice.

“La sensación de que todo fue una pesadilla y la fantasía que ambas tenemos de que nos lo vamos a encontrar caminando en la calle o sentado en un café nos ha acompañado todos estos años”, continúa.

Esta inquietud detonó una búsqueda artística alrededor de la memoria, la identidad y la ausencia que, en su anterior serie El caballo de dos cabezas, se tradujo en fotografías de objetos y autorretratos con su hermana gemela, autoexiliadas de Argentina y radicadas en México desde hace 17 años, que evocan las relaciones de familia y sus símbolos.

Con Moisés continúa esa exploración pero ahora se centra en la figura del padre.

Aunque la serie continúa en proceso, la obra producida hasta ahora da cuenta de un universo que gira en torno a esa ausencia. La duda y el silencio de un padre que no vio más y que, como imagina la fotógrafa, podría encontrarse un día por la calle.

En el funeral de mi padre, Mariela me dijo que debía acercarme a la caja, ver su cuerpo. Insistió. Recuerdo que me miraba como si me estuviera revelando algo muy importante, no podía nombrarlo, no podía decírmelo, pero me apretó el cuerpo con los ojos, me sacudió dulcemente con los ojos, me rogó con los ojos que confiara en ella, que debía pararme y verlo. No quería. No pensaba que fuera necesario. Quería recordar a mi padre vivo. Mariela insistió. Me tomó del brazo. Mi hermano se acercó. Los dos me llevaron. Ahí estaba. Serio. Muy muerto. Muerto por primera vez. Recuerdo un vidrio entre su cara y la mía, pero me dicen que no había un vidrio.

Pongo un vidrio en mi recuerdo.

Mariela le toma fotos.

 

 

MÁS INFORMACIÓN

Para mayor información, si requieres fotografías de las series de Mariela Sancari o agendar una entrevista puedes consultar la página www.marielasancari.com o contactar directamente a la artista al correo electrónico: Mariela.sancari@gmail.com

 

> Mariela Sancari es una fotógrafa argentina radicada en México desde hace 17 años. Su trabajo ha sido expuesto de manera individual y colectiva en Estados Unidos, Guatemala, Costa Rica, Venezuela, Brasil, Argentina, España, Irlanda y México. Este año ganó la Bienal Nacional de Artes Visuales de Yucatán con un tríptico de su serie Moisés y recientemente fue seleccionada en la Bienal del Centro de la Imagen 2014. También ha sido reconocida en la Bienal Nacional de Artemergente Monterrey, el Concurso de Fotografía Contemporánea de México de la Fundación de Cine y Artes de Saltillo, la APA/Lucie Foundation de Los Ángeles, el Premio Itau Cultural Artes Visuales 2013-2014 de Argentina, entre otros. En México está representada por Patricia Conde Galería.

Autor: administrador

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