Los visitantes

Parte final

Por Eduardo Medina

 

The Historic Repetition, último volumen de la magna obra The Epic, de Kamasi Washington, es la cereza del pastel; la punta del iceberg. En ella opera una clase de circularidad: el track que inaugura el volumen es una revisitación: “Re Run Home”. Más velocidad, más funk, última oportunidad para trepar a la nave nodriza. De hecho, en este volumen se aprecia mucho mejor la influencia poderosa que ejerce sobre The Epic la figura de Sun Ra. El futurismo negro se advierte desde la portada pero, por el momento, recordemos piezas clave del maestro saturnino como su Lanquidity (1978) o su Omniverse (1979), ambos álbumes a todas luces reminiscentes en The Epic.

Pero no dejemos de lado, por ningún motivo a Herbie Hancock. Él es de hecho una de las influencias y huellas más evidentes en todos los tres volúmenes de la obra Kamasiana. En “Re Run Home” lo primero que nos viene a la memoria es la Mwandishi band y sus discos deslumbrantes: el homónimo (1970) y Crossings (1972). Pero también, quizá de manera más evidente, el Thrust (1974).

“Re Run Home”, pues, es una amalgama de sonidos selváticos, futurescos, que anuncian la partida inevitable de nuestros visitantes. La elevación que sugiere este track ya no es tanto espiritual como estelar. No olvidemos que desde Sun Ra, pasando por Herbie Hancock hasta Funkadelic, al funk siempre se le ha venerado como un ser de otro planeta. “I am funk and I am not of this world”, reza Eddie Hazel en “Mommy, What’s a Funkadelic?” (1970). Este elemento dota al ensamble de Kamasi de una entidad profética, saturnina. Kamasi Washington y sus músicos no son de este mundo, y como cantara Bob Marley en “Natural Mystic”, ellos están derramando sus vibraciones para quien pueda oírlas, quien tenga el valor de subir a su spaceship y partir con ellos. De ahí el nombre del track: es un llamado para volver a casa. ¿Alguien también se acordó, como yo, de Steven Spielberg?

El siguiente track, “Cherokee”, es el último vocal de la obra (otra vez tres). Su aura feliz y ceremoniosa nos relata a su tercer personaje magnífico: un guerrero indio, cherokee, cuya fuerza y ternura son recordadas por alguien, por nosotros. En realidad se trata de un viejo standard de Ray Noble, publicado en 1938, y que tiene toda la carga de los viejos estándares del jazz del final de la tercera década. No obstante, aquí en The Epic es una canción nueva que cierra un círculo de héroes presentados a lo largo de toda la obra: los tres discípulos que retan al maestro, pero que no existen, que son soñados, o que sí existen pero no están aquí todavía, o están pero no el maestro, o quizá sí están todos y nosotros acontecemos al cambio de guardia.

La siguiente pieza nos deja mudos. La estupefacción no nos abandona ni uno sólo de los once minutos que dura este cover de Claude Debussy. Es “Clair de Lune”. De alguna manera interpreto esta pieza como un rezo: una plegaria en la última noche de la tierra de estos “visitantes”. Igual que nuestro profeta Jesús y su memorable escena en el huerto del Getsemaní, después de la última cena, en los albores de su arresto. Así como en la Biblia, en la epopeya de Washington, “Claire de Lune” funciona como un nocturno. Una plegaria a la luz de la luna, y en cierto sentido, es la última pista que tenemos de “los visitantes” sobre la tierra. La entrada poderosísima del piano corta como La Espada de Miguel, nos advierte. Nos sume en una parábola, en una paradoja, porque tenemos la respuesta, pero no la pregunta. O quizá la que creíamos era la respuesta es en realidad la pregunta. ¿Quiénes son estos tres personajes en la epopeya de Kamasi? ¿De dónde vienen? Y más importante: ¿A qué han venido? Las palabras de Patrice Quinn al respecto son reveladoras: todas las letras de esta obra hablan de un encuentro, de un toque con la divinidad, con lo otro, lo que está más allá. Y en ese toque, en ese instante, como en Miguel Ángel, todo es creado, recibido y dicho. Pero queda temblando en el aire la siguiente pregunta, ¿quién es el maestro que mira el dojo? ¿Quiénes los tres guerreros? ¿Qué guardia es la que está cambiando?

 

 

Me parece que las siguientes dos piezas, las más políticas de The Epic, las más osadas, dan respuesta a estas preguntas. “Malcolm’s Theme” es el inicio de la despedida y una revelación. Se trata de una oda a Malcolm X. Y he cometido un error: “Cherokee” no es el último track vocal de la obra, es “Malcolm’s”; pero éste es distinto a los otros: éste tiene una identidad real, socialmente relevante, verificable. Todos podemos verlo. Señalarlo. Si Kendrick Lamar en Pimp a Butterfly revivió a Tupac Shakur en nombre de la comunidad negra, Kamasi revive a Malcolm X (¿de verdad creen que esto es una coincidencia?). La cercanía de estos dos personajes no sólo es histórica, o “religiosa” sino que define un momento en el espíritu total de la humanidad. Estas dos entidades le dieron nombre a cosas que permanecían innombradas en un momento cumbre del pasado siglo; un momento definitivo para una comunidad en particular. Y ese momento también es ahora.

Paul de Mann, el crítico literario belga, en su ensayo La autobiografía como desfiguración (1991), habló sobre un elemento ficcional intrínseco en la autobiografía. Advirtió que la autobiografía no es un género, sino un momento. Y que el momento autobiográfico estaba dado en el aparato lingüístico desde un tropo: la prosopopeya. La facultad de hablar, de responder, de replicar, que le otorgamos a una entidad muerta para que ella hable por nosotros. Y en ese diálogo, conocernos, reconocernos: desfigurarnos. La prosopopeya funciona, pues, como una máscara.

En “Malcolm’s Theme” el momento autobiográfico lo encontramos con el spoken word del propio Malcolm. Un discurso en el Ford Auditorium, en febrero 14 de 1965, justo después del grave atentado contra su vida y su familia y su casa con bomba, sampleado, que florece en medio de la música para hablar, replicar, responder. Dice:

Pues, antes de envolverme en las cuestiones de hoy, tengo que dejar clara mi posición, que es muy evidente: no soy un racista de ninguna forma o manera. No creo en ninguna forma de racismo o discriminación o segregación. Yo creo en el Islam. Soy musulmán. Y no hay nada de malo en ser musulmán, nada de malo en la religión del Islam. El Islam sólo nos enseña en creer en Alá como el Dios. Los que sean cristianos probablemente crean en el mismo Dios que nosotros, porque ustedes creen en el dios que creó el universo. Y ese es el Dios nuestro: el que creo el universo. La única diferencia es que ustedes le dicen Dios y nosotros le decimos Alá. Los judíos le dicen Jeová. Si ustedes pudieran entender el hebreo, seguramente le dirían Jeová. Si pudieran entender el árabe, le dirían Alá.

Pero como el hombre blanco, su “amigo”, les robó su lenguaje durante la esclavitud, el único lenguaje que conocen es su lenguaje. El lenguaje de su “amigo”. Así que ustedes llaman al mismo Dios que ellos llaman. Y cuando les están poniendo una soga al cuello ambos llaman al mismo Dios.

Pero la religión real del Islam no enseña a juzgar a nadie por su color de piel. La regla usada por el musulmán para medir a otros, no es su color de piel, sino sus responsabilidades, su conducta, su conciencia, sus intenciones. Y cuando usamos esa medida nunca nos equivocamos.

¿Quién es, pues, el que habla en “Malcolm’s Theme”? De forma evidente y directa es Malcolm X. Pero si tomamos la referencia de De Man, Malcolm X funciona como un epitafio, como una piedra parlante: prosopopeya. Y así, su voz funciona como una desfiguración a la voz real: la de Kamasi Washington. La intención detrás de la voz, y el que está hablando en realidad, es Kamasi y su ensamble completo. Todos sus músicos. De tal modo que el track siguiente, “The Message”, cierra perfectamente la intención y la estética de toda la obra: se eleva por fin la space ship, los visitantes regresan a sus mundos ultracósmicos. Y dejan para nosotros el mensaje. Los golpes furibundos de saxo y percusión en los momentos finales de la pieza dejan en claro su función infecciosa: es un mensaje que tiene que penetrar, tiene que llegar hondo en los otros, para que lo compartan, lo extiendan.

 

 

A pesar de la “carga religiosa” que puedan argumentar algunos puristas, en The Epic no se intuye por ningún lado una actitud pontificadora o sumaria. Muy al contrario, se nota su ansia de apertura, su inquietud de justicia y de diversidad. No por nada el álbum recoge referencias musicales casi universales. Pero, de manera muy particular, esto que sucede en “Malcolm’s Theme” y “The Message”, lo encuentro en un antecedente: René McLean y su Watch Out! (1975). En este álbum del hijastro pródigo de Jacki McLean, su hijastro educador, hay un track revelador: “Jihad”. Sabemos bien que esa palabra hoy está a punto de llegar a la lista de las palabras prohibidas. Hoy Jihad es sinónimo de terrorismo y asesinato. Pero en Jackie McLean, como en The Epic, encontramos un sentido muy otro de la “guerra santa”. Aquél track es una marcha, un avanzar seguros hacia la victoria, hacia una realización poderosa de la verdad: una realización musical, y que por verdadera, es sanadora.

La Jihad de McLean también es funkera, lisérgica y selvática. La Jihad de Kamasi es una obra portentosa, universal, tremendamente contemporánea, y que nos lleva también a una conexión con los otros. Lo otro es yo, podría ser el lema de The Epic. Por eso, por esta igualdad cósmica, los seres del ultra cósmicos que son estos musicazos, bajan desde sus reinos estelares a la tierra para esparcir el mensaje.

Posdata:

Mi disco no ha llegado. Van dos semanas del pedido. Y aunque familia, amigos, y el sitio de Brainfeeder me anuncian que pronto habrá de llegar, a mí me come la impaciencia. Escucho una y otra vez la copia digital que bajé después de la compra. La escucho briago, sobrio, fumado, aquí y ahora: encuentro cosas nuevas y las mismas. Un baúl único de recursos y músicas. Kamasi Washington y todos los suyos son un mundo por sí mismos. The Epic es un álbum autónomo y universal. La portada en blanco y negro, el mural de los planetas, es revelador. The Epic es un planeta en sí mismo. Planeta al que podemos ir a pasar una buena temporada. A pesar, reconozco que su comprensión ha tomado varias semanas, y muchas vueltas musicales. Para ayudar al principiante, dialogar con el apasionado, servir al despistado, recomiendo aquí una serie de trabajos, que, al menos a mí, me ofrecieron buenos ecos a este material y una forma enriquecida de leerlo, de hacerlo mío. Estoy a sus órdenes.

–Alice Coltrane: Journey To Satchinanda, 1971; Lord of Lords, 1972.

–Albert Ayler: Spiritual Unity, 1964.

–Art Blakey: Moanin’, 1958; Drums Around The Corner, 1999.

–John Coltrane: Ascension, 1966; A Love Supreme, 1965.

–Ornette Coleman: Skies of America, 1972; The shape of jazz to come, 1959.

–Duke Ellington: Black, Brown and Beige, escrita en 1943.

–Charles Mingus: Blues and Roots, 1960; Ah Um, 1959; The Black Saint and the Sinner Lady, 1963; Epitaph, 1990.

–Count Basie: Basie Meets Bond, 1966.

–Canonball Adderley: Something Else, 1958.

–Donald Byrd: I’m Tryin’ to Get Home, 1965.

–Sun Ra: Lanquidity, 1978; Omniverse, 1979.

–Herbie Hancock: Mwandishi, 1970; Crossings, 1972; Sextant, 1973; Head Hunters, 1973; Thrust, 1974.

–Funkadelic: homónimo, 1970.

–Parliament: Mothership Connection, 1975.

–Peter Brötzman: Machine Gun, 1968.

–Fela Kuti: Zombie, 1976.

–René McLean: Watch Out!, 1975.

–Tomasz Stánko: Music For K, 1970

Para leer o escuchar el discurso original de Malcolm X, den clic aquí.

 

>Eduardo Medina (Estado de México, 1989) es escritor y melómano, estudió la carrera de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Ha colaborado en diarios como El Universal y La Jornada; revistas impresas como Castálida de Literatura y Variopinto; y suplementos como La Cultura en México; también en revistas virtuales como Spleen Journal!, Letrina, y Registro. Ha obtenido menciones y premios en concursos como el Letras de mi primera vez (FCE/Tusquets) y Punto de Partida (UNAM). Publicó su primera novela bajo el título Half Light (Septiembre, 2013, Sediento Ediciones). Twitter: @lalitro211 

Autor: administrador

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