Los insaciables

 

 

“Los amorosos son los insaciables,

los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Jaime Sabines

 

Por Leopoldo Silberman

 

Voy a escribir la historia más cursi de este mundo. Una en la que los protagonistas, ajenos al acontecer del mundo, vivan un idilio que nos deje callados. Boquiabiertos. Sorprendidos. Una que me haga sentir bonito tan sólo de escribirla. Y la escribiré sólo por el gusto de hacerlo.

Hacía mucho que no me sentaba frente a la página en blanco. Quizás me daba miedo el pensar que no pudiera hacerlo de nuevo, que no lograra juntar las letras correctas, los adjetivos necesarios, los adverbios precisos; y ese miedo (terror) me había impedido dedicarme, una vez más, a lo que más me gusta en esta vida.

Pero heme aquí de nuevo, dándole a la tecleada con una coca enfrente y una cerdita trompeando mis zapatos. Gedovius me observa desde lejos y parpadea de nuevo, como lo ha hecho siempre que me ve concentrado frente a la computadora. Y las ideas regresan y los dedos brincan de un lado para otro con una agilidad felina. Por eso decidí que fuera cursi la historia que, desde hoy, redactaré celosamente cada noche: para recordarme que las palabras fluyen tan fácilmente como los sentimientos cuando la gente está profundamente enamorada. Y es que los amorosos no detectan el paso de las horas, los días, los meses ni los años. Son sólo esos locos sin dios y sin diablo de los que habla Sabines. Son esos que caminan con una sonrisa bobísima en la boca y los bolsillos vacíos, aunque llenos de palabras, caricias, abrazos y arrumacos.

Hace tan sólo unas semanas lloraba amargamente al ver las ruinas de mi antigua existencia. Me quejaba del destino, la suerte, la tristeza. Y escribí y escribí y, afortunadamente, hice una alianza con la papelera de reciclaje. Tras pulsar el “vaciar”, descargué también toda esa frustración que de pronto había nublado mi camino. Y el destino me puso enfrente a aquellos que me harían ver que podía dar un trago y beberme de sopetón esa tormenta que yo mismo inventé para mis vasos. Y lo hice y noté que son más las cosas buenas, las personas amables, la familia amorosa, los amigos que surgen cuando la oscuridad cubre tu frente. Hoy sonrío y agradezco, a ellos y a la vida, el haberme dado el honor de tocar fondo. De reconocer faltas y responsabilidades; de conocer amigos y enemigos. Es por ello y por ellos que haré una historia cursi donde los enamorados se olviden del planeta y simplemente fluyan, como espero que, de ahora en adelante, vuelvan a fluir las letras, las palabras, las frases, bajo el coqueto golpeteo de las teclas.

 

Ilustración por Paul Garland.

Ilustración por Paul Garland.

 

> Leopoldo Silberman es historiador especializado en política y milicia en México en el siglo 19, escritor de oficio, gestor cultural, director teatral, editor y trendexpert. Tiene un pug llamado Niuton, un hermoso gato gris de nombre Gedovius y un loquísimo pez apodado Nijinsky. Twitter: @POLO_SILBERMAN

 

Autor: administrador

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