La toma del museo

 

 

Por Joaquín Segura

 

La peligrosa cercanía entre cultura y poder se torna especialmente turbia cuando, aparte de la negligencia habitual que caracteriza a esta dudosa red de relaciones incómodas, se añade ineptitud a una fórmula ya en sí misma inestable e impredecible. Esto viene a tema debido a un episodio suscitado en días pasados en Guadalajara. Trascendió que Rosa Angelina Sandoval Díaz -hermana de Aristóteles Sandoval, gobernador de extracción priísta del estado de Jalisco- ha sido nombrada subdirectora del Museo de Arte de Zapopan (MAZ), uno de los pocos espacios en la entidad que ha resistido, con altas y bajas, el embate constante de la crisis institucional que azota a la ciudad desde hace un buen número de años. Sandoval Díaz no tiene ningún tipo de trayectoria, preparación académica o experiencia profesional que avale este nombramiento. Lo grave de este acto de imposición no radica solamente en la arbitrariedad de un hecho que lamentablemente no es aislado, pues esta misma administración priísta ha causado también controversia por la designación en condiciones similares de la nueva titular del Instituto Cultural Cabañas, Olga Ramírez Campuzano, otra ex burócrata sin credenciales en el área de gestión cultural. Regresando a la flamante subdirectora del MAZ, hay que destacar que esta posición no existía previamente de forma clara dentro del organigrama del museo. No deja de haber cierta lógica perversa en este detalle: un puesto improvisado para una funcionaria de generación espontánea. Este incidente, antes que mover a la indignación, remite más al absurdo desternillante de la perenne tragicomedia mexicana.

Montaje de una exposición en el museo localizado en Zapopan. Foto: Facebook MAZ

Montaje de una exposición en el museo localizado en Zapopan. Foto: Facebook MAZ

Si se dice ya que todo museo no es en realidad más que un mausoleo, sucesos como éste no deberían causarnos la menor incomodidad, pues siguiendo este argumento constituyen el punto final del epitafio que una deficiente administración pública que en materia de cultura ha labrado sexenio tras sexenio. Si llevamos a cabo un somero análisis de los mecanismos a través de los cuales se gestiona la cultura institucional en nuestro país, lo que sorprende no es tanto la frecuencia, sino la impunidad con la que un puñado de funcionarios ajenos por completo a estas cuestiones lleva a cabo decisiones semejantes. Lo que consiguen es desvirtuar persistentemente la labor colectiva de numerosos individuos que a contracorriente siguen produciendo cada uno desde sus distintos campos en lo que cada vez parece más una batalla perdida de principio, tanto dentro como fuera de la institución.

Si bien la administración anterior del MAZ era ya sospechosamente cercana a la alcaldía priísta de Zapopan, nunca se llegó a una injerencia de tal magnitud. Un museo sólo puede convertirse en botín político cuando la comunidad artística lo permite. Lo funesto de este hecho se ve ampliado por el momento en el que sucede. Un equipo de profesionales de la cultura de probada trayectoria recién tomó las riendas de este sitio: Viviana Kuri como directora y Geovana Ibarra como curadora en jefe, ambas con un largo historial que respalda de manera incuestionable su posición dentro de este espacio. No puede decirse lo mismo de Rosa Sandoval, cuya única experiencia previa como directora del Archivo Legal Histórico del municipio de Tlaquepaque nos conduce a preguntarnos cómo y por qué llega a un puesto de alto rendimiento en un museo especializado en arte contemporáneo. Si es ya una labor complicada para la directora y curadora del sitio intentar conjugar el programa de la administración pasada con la construcción de una visión propia del museo y sus necesidades -manteniendo de forma paralela una oferta diversa de exhibiciones, actividades de vinculación y otras estrategias de acercamiento al público local-, un lastre de este tipo sobra por completo.

Aún cuando el desenlace de este episodio está por verse y tal vez este trascendido se quede en un torpe intento de abuso de poder, sirva como ejemplo para alertar a la comunidad artística y hacer conciencia sobre la absoluta necesidad de reclamar lo propio cuando es necesario. Los espacios son tanto de los creadores como de todo usuario que los hace suyos, no de políticos incompetentes y burócratas poco calificados que no han entendido aún que la cultura no es una mercancía de cambio y, sobre todo, que están a nuestro servicio. Nunca lo contrario.

 

Joaquín Segura (Ciudad de México, 1980) Artista visual. Vive y trabaja en México, DF. Su obra se desarrolla en plataformas como la instalación, fotografía, acción o video y ha sido mostrada en exposiciones individuales y colectivas en México, Estados Unidos, Europa y Asia. Ha expuesto en recintos como la Sala de Arte Público Siqueiros, Museo de Arte Carrillo Gil, La Panadería, Museo Tamayo Arte Contemporáneo en México, así como El Museo del Barrio, Anthology Film Archives, White Box y apexart, New York, NY, LA><ART, MoLAA, enLos Angeles, CA; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, España, National Center for Contemporary Art, Moscú, Rusia y el Museo de Arte Moderno de Fort Worth, TX entre muchos otros. Es miembro fundador e integrante del consejo de SOMA, México, DF.

 

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