Contra la lectura: defensores verdugos

Por Carlos Bortoni

 

Con frecuencia sucede que aquello que se defiende o pretende rescatar… sucumbe ante la defensa misma… aniquilado no por el victimario sino por su defensor. La lectura no es la excepción. Cierro este ciclo junto a Letras Explícitas… junto a mi editor Moisés Castillo con quien estoy plenamente agradecido por el espacio… apoyo y confianza… con dos acontecimientos recientes en los que sobresalen los defensores de la lectura… los defensores verdugos que terminan por rematar aquello por lo que estoicamente luchan.

Toronto, Canada. 1 de octubre de 2016. Se inaugura la instalación “Literatura vs. Tráfico” en una de las calles más transitadas de la ciudad. La misma instalación ha tomado -en otros momentos- Madrid… Nueva York y Melbourne. La instalación consistió en 10,000 libros que llenaron la calle sin dejar espacio para nada más. 10,000 libros abiertos que bloquearon la calle y no dejaron que sobre ella circulará vehículo alguno. La intención… “descansar del tráfico cotidiano”… “permitir que la literatura se apodera del espacio público y que los paseante sucumbieran al modesto poder de la palabra escrita”. No lo niego… la imagen es maravillosa. Un logro visual. Pero nada más. En aras de dar relevancia al mundo escrito… el colectivo Luzinterruptus creó una imagen con la que no se puede dialogar o cuyo potencial dialógico se encuentra terriblemente acotado: lo que se ve no se juzga… reza el refrán.

Lectura

Sin embargo… las implicaciones de dicha instalación no se quedan en reducir el “modesto poder de la palabra escrita”… a una imagen. Sustituir la desbordada acumulación vehicular en las calles por una desbordada acumulación de libros en las calles es una simple sustitución de objetos. El problema sigue ahí… la acumulación no desaparece… la sobre producción no disminuye… la asfixia permanece… el libro como objeto comercial tiene la misma conducta que el vehículo automotor… las pantallas planas o cualquier producto que se exponga en una vitrina o estante… se produce de forma masiva y se oferta al mercado para ser consumido y desechado. Con los libros en la calle pasó lo que tenía que pasar… la gente caminó sobre ellos… de igual forma que a diario camina sobre el asfalto… algunos recogieron libros y se los llevaron a sus casas… y los libros que nadie recogió fueron barridos en la madrugada por el servicio de limpieza de la ciudad y se tiraron a la basura… como sucede con los libros que no se venden ni en remates… se retiran del estante y se trituran. La imagen de los libros en la calle… se redujo a la imagen del desperdicio en la era de la producción desmedida.

Leer

Guadalajara, México, 26 de noviembre de 2016. Una réplica del trono de la serie de televisión Game of Thrones asentó sus reales en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. No me queda la menor duda de que el discurso televisivo es un texto que debe ser leído por los espectadores y en consecuencia… la visita del autor de la misma serie a la FIL de este año tiene sentido. Pero con el trono sucede lo mismo que con los libros en Toronto… la lectura de una imagen es una asunto terriblemente complicado que cae en considerar una obviedad el análisis de lo que se muestra como evidente. La réplica del trono explota el fetiche del espectador… no su capacidad de interpretación. No importa el texto / discurso. Lo que importa es el momento de sentarse en la silla empoderada por la imagen para crear una nueva imagen… la de la silla conmigo sentado en ella. La lectura queda completamente relegada y es sustituida por el acto de retratarse como niño con los Reyes Magos. La lógica detrás de la presencia del trono en la FIL es la misma que la de cualquier estrategia publicitaria… atraer al consumidor con espejitos para que… una vez dentro de la Feria… haga lo único que importa en un consumidor… consumir.

La lectura… ni en Toronto ni en Guadalajara tenía lugar. No es de extrañarse que una sociedad que discute si los memes son o no un género literario… destierre la palabra escrita y la remplace por imágenes de consumo que durarán en su imaginario menos de lo que tarda en llegar la siguiente imagen. Los defensores verdugos podrán estar contentos… sin darse cuenta contribuyeron en esa histórica labor de lapidar la lectura.

Leer

 

 

>Carlos Bortoni es antropólogo, escritor y editor, fundador de Editorial Nula. Es autor de Perro viejo y cansado (Nitro/Press, 2014), Tormentas en vasos de agua (Casa Editorial Abismos, 2015) y Dar las gracias no es suficiente (Sediento Ediciones, 2015). Twitter: @cbortoni 

Autor: administrador

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