Institucionalizar el declive

 

 

Por Joaquín Segura

 

Argumentar que la educación artística en nuestro país padece severas carencias, tanto estructurales como programáticas, es regodearse en la obviedad. El estado en que se encuentran las principales instituciones de enseñanza artística a nivel superior es lamentable, al menos en lo que respecta a las artes visuales. Se encuentran asoladas por problemáticas pertinaces entre las cuales destacan una deficiente actualización de su planta docente, instalaciones insuficientes y en mal estado, programas académicos poco flexibles o caducos y el fracaso evidente en generar de manera sostenida egresados con una formación sólida que los haga capaces de insertarse y, sobre todo, incidir de manera significativa en un circuito profesional cambiante y complejo. En este panorama incierto, no queda más que cuestionarse si en realidad la escuela de arte sigue cumpliendo su función a cabalidad o más bien se ha convertido en una mera reliquia de un tiempo distinto.

Episodios como el suscitado a principios de este mes en la ENPEG La Esmeralda son lamentables colofones a esta última posibilidad. En otro de los sucesos que día con día construyen nuestra farsa cotidiana, se viralizó un breve enfrentamiento entre un grupo de alumnos de esta institución que, inconformes con la imposición en las galerías escolares de una mediocre muestra de ‘arte emergente’, auspiciada por una subsidiaria de Grupo Televisa y el consorcio mediático español Prisa, tomaron voz durante el evento de apertura de esta exhibición sólo para ser denostados por Facundo, un híbrido hueco entre presentador televisivo y bufón de la corte que malentiende de forma lastimosa una actitud irreverente como una franca demostración de estulticia y simplonería.

La muestra en cuestión es Arte40, un concurso de dudosa calidad abierto al público en general, autoproclamado como ‘el’ foro de expresión para aquella ficción construida bajo el nombre genérico de ‘talento joven’, recurso demagógico explotado hasta el cansancio por burócratas culturales, advenedizos de las artes y otra fauna de semejante ralea. Es un proyecto de Los 40 Principales, estación de pop juvenil con una decena de concesionarias repartidas sobre todo en territorio sudamericano. Por si hiciera falta decirlo, no es precisamente cultura de avanzada.

Dejando de lado el nulo impacto de este deplorable certamen apoyado también por Vitra, Peugeot, INBA y CONACULTA -que ningún profesional del medio cultural se atrevería a tomar mínimamente en serio-, el problema de fondo es claro: la participación del Estado y su aparato institucional en una torpe maniobra de relaciones públicas por parte de la iniciativa privada. ¿Cuál es la naturaleza de los acuerdos que regulan la cesión del espacio de galerías de La Esmeralda para un proyecto de esta naturaleza? De manera tácita, se acepta que el proyecto de esta institución educativa y su compromiso con el estudiantado está supeditado a las necesidades de legitimación de estos perniciosos consorcios mediáticos, que apuntalan la construcción de su imagen pública con la anuencia total de las autoridades. Esto no es otra cosa que entretenimiento de masas apadrinado por un Estado tambaleante.

La Esmeralda es una institución en crisis, como tantas otras. A esto se suma su reciente controversia sobre el proceso de renovación de dirección, trunco debido a que después de cinco meses de auscultación se declarara desierto el puesto de director a pesar de que había dos candidatos que cubrían técnicamente los requisitos solicitados en la convocatoria que declaraba abierta esta plaza.

El malestar de estos estudiantes no debe ser menospreciado de ninguna manera. Se debe atender de forma pública y transparente sus demandas, urgentes sobre todo por su lucidez y puntualidad. De igual manera, se debe solucionar de forma apremiante el problema directivo que aqueja a la ENPEG. Estas no son problemáticas aisladas, son síntomas de una institución en dificultades visibles, carente de asertividad y sin un rumbo definido y, esencial tenerlo en mente, de ninguna manera privativo de este centro de formación. Salta la duda: ¿y si esto es un indicio de que no es operante ya enseñar arte bajo un modelo académico escolarizado y tradicional? Ahí la revelación o el reto; una pregunta abierta.

 

 > Joaquín Segura (Ciudad de México, 1980) es artista visual. Vive y trabaja en México, DF. Su obra se desarrolla en plataformas como la instalación, fotografía, acción o video y ha sido mostrada en exposiciones individuales y colectivas en México, Estados Unidos, Europa y Asia. Ha expuesto en recintos como la Sala de Arte Público Siqueiros, Museo de Arte Carrillo Gil, La Panadería, Museo Tamayo Arte Contemporáneo en México, así como El Museo del Barrio, Anthology Film Archives, White Box y apexart, New York, NY, LA><ART, MoLAA, enLos Angeles, CA; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, España, National Center for Contemporary Art, Moscú, Rusia y el Museo de Arte Moderno de Fort Worth, TX entre muchos otros. Es miembro fundador e integrante del consejo de SOMA, México, DF.

 

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