Goodbye Horses

La canción del verdugo

Por Alfredo Padilla / @_PadillaAlfredo

 

Quid pro quo

 

“Todas las cosas pasan en la noche”, dice el estribillo de “Goodbye horses”, oscura canción compuesta en 1988 por el productor y compositor William Garvey para Q Lazzarus, una chica que es famosa por tener la voz contralto más grave que un motor de 8 cilindros, y que antes de descubrirse como cantante trabajó de taxista en la ciudad de Nueva York. La pieza “Adiós caballos” habla de la trascendencia a través de la mirada del universo como un punto terrenal y finito.

El caballo, en el diccionario de símbolos de J.C. Cooper (G. Gili, 2000), simboliza el poder solar, el intelecto, la sabiduría, la mente, la razón, la rapidez de pensamiento, la fugacidad, los poderes mágicos de adivinación, el viento y las olas del mar. Cuando lo monta el demonio tiene connotaciones fálicas. Está también asociado al sacrificio; el caballo es un animal sacrificial del chamanismo siberiano y uralo-altaico, y durante el renacimiento representó a la lujuria. Según su autor, la connotación de los caballos dentro de la canción representa los cinco sentidos de la filosofía Hindú (el Bhagavad Gita) y la capacidad de levantar la percepción por encima de las limitaciones físicas y ver más allá del punto de vista terrenal limitado.

El sencillo de la cantante estadounidense. Foto: tomada de Internet

El sencillo de la cantante estadounidense. Foto: tomada de Internet

El tema fue un one hit wonder de la cantante estadounidense. Existen tres versiones de la misma en disímiles longitudes de 3:12, 4:20 y la versión extendida de 6:28. Es famosa por desplegarse como soundtrack en diferentes películas, entre las que se destacan Married to the mob (1988), Philadelphia (1993), Clerks II (2006) y las más significativas: The silence of the lambs (1991) y Maniac (2012). En The silence of the lambs -película dirigida por Jonathan Demme, y protagonizada por Jodie Foster y Anthony Hopkins-, el FBI busca a un asesino en serie, apodado Buffalo Bill/Jame Gumb. Éste -estupendamente interpretado por Ted Levine- posee un esquema específico para matar a sus víctimas, todas ellas adolescentes: rapta a las jóvenes, las mantiene vivas durante tres días en el fondo de una poza, las liquida por medio de un disparo, les arranca la piel para confeccionarse un traje de mujer y las arroja a un riachuelo. El personaje hace alusión a William Frederick “Buffallo Bill” Cody, soldado norteamericano, cazador de búfalos y una de las figuras más representativas del viejo oeste.

En la película de Demme, Buffalo Bill es un personaje que sufre un trastorno de identidad sexual caracterizado por síntomas como pasividad, sumisión y dependencia. Se siente amenazado de desaparecer si no mata o es de alguna manera efusivo, es alguien enajenado e incapaz de controlar su realidad, lo cual lo lleva a la violencia como venganza por su condición humana. “Me… follaría… me follaría a mi mismo… hasta el fondo”. Personaje corroído por su propia culpa, indeciso, aprehensivo, cuya violencia interior está siempre al borde de estallar, todo esto con “Goodbye horses” como telón en la mejor secuencia de la película, en donde Buffalo Bill se admira así mismo bailando frente al espejo al momento en que mantiene a una de sus víctimas –Catherine (Brooke Smith)- recluida en el fondo de un pozo. “Ponte la crema o te daré con la manguera” es uno de los imperativos que atendemos por parte del personaje, aunado a la tétrica letra de Garvey, “adiós caballos, estoy volando arriba de ustedes”.

Maniac, de Franck Khalfoun, es otro metraje en donde “Goodbye horses” adquiere connotaciones violentas, similares a la visión perturbadora de Jonathan Demme. En esta cinta presentada en la segunda jornada del FANT 2013 (Festival de Cine Fantástico de Bilbao), Elijah Wood encarna a Frank, un psicópata que se dedica a perseguir jóvenes a través del mundo real y virtual para matarlas y arrancarles el cuero cabelludo con la intención de decorar los maniquíes de su negocio familiar. Las incisiones y los cortes de cabellera están plasmados con lujo de detalles, con el agregado morboso de estar rodados en cámara subjetiva, el espectador toma el punto de vista del asesino. “Goodbye horses” taladra a manera de tributo a Buffallo Bill en la secuencia en que Frank es seducido por una camarera que conoció por Internet. Elijah Wood reflejado en un espejo que pende del techo -la imágen de Frank aparece en espejos la mayor parte del metraje-, la chica proporcionándole una excelente cátedra de felación y el posterior asesinato, al son de la canción de los 80.

El tema no sólo ha influenciado a directores cinematográficos para musicalizar sus escenas más inquietantes, la canción de William Garvey también ha afectado a otros artistas que -traspasando géneros musicales y siguiendo el enfoque fatalista de Jonathan Demme- rinden tributo a la canción del asesino. Tal es el caso del rapero norteamericano Eminen, quien en su álbum Relapse: Refill (Shady Records, 2009) incluye un tema titulado “Buffallo Bill”, inspirado de igual forma en el transexual de la novela The silence of the lambs, escrita por Thomas Harris. Sus rimas en la canción son rabiosamente explícitas: “Despellejando mujeres y cortándolas en trozos/ ahí vienen entrando las jóvenes con mantequilla de cacao/ Una vez más me llaman Buffallo Bill/ Les quito la piel, las bastillo y las remiendo en faldas escocesas”. “Goodbye horses” además ha sido covereada por Kele Okereke, vocalista y guitarrista de Bloc Party, y por la banda de pop oscuro canadiense Psyche; ha sido la alabanza de los asesinos en la pantalla grande y la canción del verdugo en la vida real. Puede ser que en estos momentos, tras los muros de una apartamento sombrío, las voz espinosa y húmeda de Q Lazzarus se hace escuchar a través de una frecuencia, al momento en que un cuchilla se aguza en busca sangre y olvido.

 

 

Autor: administrador

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