El oficio más infame

Por Leopoldo Silberman

 

Hace unos años entrevisté al escritor Paco Ignacio Taibo II, con motivo de la publicación de su -en ese entonces- más reciente libro, Temporada de Zopilotes. Y hablar de la Decena Trágica nos llevó a hablar de Madero y de los hijos de puta que le traicionaron y asesinaron, lo cual nos llevó a hablar de otros personajes históricos y de otros hijos de puta y de otras cosas terribles que suceden en esta vida. Y como la charla estaba sabrosa y teníamos tiempo, pasamos de la historia del país a la de la ciudad; hablamos del Centro, de sus calles, de sus casas y de cómo hoy en día muchas calles son cerradas por los vecinos para evitar la delincuencia, impidiendo “la libre circulación” de todo aquel que quisiese pasar por ahí.

Paco Ignacio, tras dar un trago a la coca cola, encendió otro cigarro y exclamó con vehemencia:

“Hay dos oficios canallas en este país: Secretario de Gobernación y cadenero de disco. Últimamente estoy cambiando mi percepción de la realidad; hay tres oficios canallas: Secretario de Hacienda, Secretario de Gobernación y cadenero de discoteca…”

Y entre risas hablábamos de que en ese entonces teníamos un secretario de Hacienda “de peso”, refiriéndonos al susodicho que a todas luces pesaba media tonelada. Sin embargo, hoy, a la distancia, creo fervientemente que mi querido Paco Ignacio se equivocaba, pues hay no tres, sino cinco oficios canallas, infames, en este país:

Secretario de Gobernación.

Secretario de Hacienda.

Cadenero de antro.

Policía de tránsito

Operador-de-Call-Center-Bancario

Y miren que algunos policías de tránsito se salvan…

Yo no entiendo el por qué de muchas cosas en esta vida: ¿por qué no hay vida después de la muerte? ¿por qué la gente tira la basura en la calle? ¿por qué los perros levantan la pata al orinar? ¿por qué los mexicanos siguen creyendo que algún día remoto la Selección ganará un mundial? ¿por qué dan calambres en las piernas cuando uno está profundamente dormido? Pero lo que sí, en realidad, no entiendo, es por qué los encargados de recordarte que no has pagado una tarjeta de crédito, te preguntan lo siguiente:

¿POR QUÉ NO HA PAGADO?

Creo que la respuesta suele ser de sentido común. El que no paga es porque no puede hacerlo o porque no quiere hacerlo o porque le vale madres hacerlo. La pregunta real es, ¿para qué preguntan si ya saben la respuesta? Me imagino la cara de la pobre chica al otro lado del teléfono teniendo que lidiar con personas como yo que, teniendo poca paciencia para las preguntas -o las respuestas- pendejas, reaccionamos de manera hostil. No me imagino trabajando en algo así. La ventaja principal de trabajar en lo que a-uno-le-gusta es que el trabajo suele ser lindo, amable, tranquilo, ajeno a la violencia y a la intolerancia. Claro que uno se encuentra con muchas personas a las que no les gusta lo que uno hace (imagínense: doy clases de Historia), pero eso no impide que YO disfrute mucho hacerlo. Pero… ¿habrá quien diga “Ey, soy tan feliz hablándole a la gente para pedirle que ¡pague sus deudas!”? La verdad, lo dudo. Aunque no dudo que haya personas que se sientan felices al ser…

Secretario de Gobernación

Secretario de Hacienda

Cadenero de Antro y

Policía de Tránsito

Lo cual sin duda convierte a los que te llaman para cobrarte en poseedores del OFICIO MÁS INFAME DE ESTE PAÍS.

He dicho.

 

 

Ilustración por Antonio Rodrigues Jr.

 

> Leopoldo Silberman es historiador especializado en política y milicia en México en el siglo 19, escritor de oficio, gestor cultural, director teatral, editor y trendexpert. Tiene un pug llamado Niuton, un hermoso gato gris de nombre Gedovius y un loquísimo pez apodado Nijinsky. Twitter: @POLO_SILBERMAN

Autor: administrador

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