Eduardo Salgado, el retratista de almas torcidas

 

 

Por J. M. Servín

 

Para mí es inevitable caminar por las calles de la ciudad de México y al toparme con un rostro peculiar, “lombrosiano”, pensar en Eduardo Salgado, el retratista más singular del México contemporáneo. Es un engendro entre Ed “Big Daddy” Roth, el genial artista californiano de culto creador de Rat Fink, la desquiciada rata psicodélica conductora de autos hot-rod, y Sergio Jaubert, retratista y criminalista mexicano. Para quienes no lo saben, Jaubert es el creador del retrato hablado con el que a principios de la década de 1960 la policía mexicana y poco después, del mundo, mejoraron sus métodos de investigación e identificación de delincuentes. Salgado como Jaubert, tiene una sensibilidad muy desarrollada para interpretar rostros y aventurar perfiles de personalidad con un alto grado de exactitud. Salgado no hace retratos hablados de delincuentes, pero sí en encuentra en los personajes de la vida diaria de este mundo atribulado y caótico, su lado más turbio y mordaz. Hay algo de esotérico o paranormal en todo esto, quienes conozcan a Salgado, sabrán a qué me refiero.

Su imaginación delirante delinea al estilo pinstriping (trazo de dibujo muy usado en la publicidad) personajes y figuras de un perturbador sentido del humor y erotismo, influidos por artistas como Charles Burns, el grafismo pin up y quien a mi manera de ver son sus grandes maestros: Miguel Covarrubias y Ernesto “El Chango” García Cabral. Fan de la música house y acid, y DJ de tornamesa, ha explorado toda clase de estimulantes para aplicarlos a su obra y a una peculiar visión de la vida donde los detalles más nimios se convierten en un viaje acidulado al túnel oscuro de nuestros miedos más profundos. Se puede decir que en el ambiente underground de las artes y las letras mexicanas no existes si nos has sido dibujado por Salgado. Creo que sus amigos podemos sentirnos agradecidos de que su punzante vena humorística obre en nuestro favor.

Lo conozco desde los tiempos en que con un grupo de amigos artistas y escritores editábamos publicaciones que apostaban por el fracaso incendiario y el culto al objeto (mientras más malhecho y extravagante, mejor) como símbolo de pertenencia. Eduardo Salgado era un colaborador cotizado e infaltable en todas ellas. Al igual que muchos otros amigos, tengo obra suya; una sensualidad siniestra e hiperrealista resguarda los muros de mi departamento en Bucareli. No me queda la menor duda de que creó todo un estilo de dibujo de trazos fuertes que coquetean entre lo grotesco y lo estrambótico, y desarrolló una mirada perseguida muy de cerca por muchos artistas e ilustradores jóvenes incapaces de reconocer en Salgado una influencia.

Excéntrico y autodidacta exquisito, Eduardo Salgado ha hecho en el gran formato de su hiperrealismo delirante, el retrato hablado del underground mexicano y desde su espacio cotidiano en Milenio, de buena parte de las artes y las letras contemporáneas. No es poca cosa.

 

J. M. Servín acompañado por la obra de Salgado.

J. M. Servín acompañado por la obra de Salgado.

 

 

> J.M. Servín es escritor y coordinador del proyecto editorial Producciones El Salario del Miedo. Del duro oficio de vivir, beber y escribir desde el caos, es su libro más reciente.

 

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