Carta a Pavel Astorga

 

 

Por Antonio Ramos Revillas

 

Te conocí poco, Pavel Astorga, en algunas horas de días inciertos, en unas tardes de charlas apresuradas, en las mesas altas de un bar junto a una alargada plaza que tenía, en uno de sus confines, una circular caja de agua y en el otro una iglesia en la que un domingo friolento comí unas papas fritas que me habían prometido eran las mejores de la ciudad y no lo eran. Lo que conocí de ti, Pavel, fueron ciertas sonrisas, algunas complicidades, pero también se aprende a conocer a las personas por el mito que de ellas hacen sus amigos. Pavel el cuentista, Pavel el padre, Pavel el gran bibliotecario, Pavel que se animaba a lanzarse al ruedo para presentar un libro que no habías leído pero que era necesario hablar de él. Y nada de esto hecho con desgano, sino con ánimo. Quienes ahora te lloran no me pueden decir de todo trabajo como mediador de Salas de Lectura, que eras un rey mago o que no te gustaba el chocolate; se quedan pensativos y lo resumen todo a una palabra sencilla: es que era Pavel, aquel mediador o promotor de lectura que siempre lo daba todo en sus eventos de lectura en voz alta o en las sesiones de talleres del Diplomado de Salas de Lectura donde yo te conocí, junto a otras personas valiosas. Me quedo pensando mucho en qué será de tus lectores y de tus amigos y de tus libros y de la memoria que trajiste contigo un tiempo y que le regalaste a todos tus amigos y no sé si estas mismas palabras no son un exceso; pero creo que no, porque cuando muere un promotor de lectura hay un silencio incómodo, una página que se queda a medio abrir, una oración no dicha que nos paraliza como aquel poema que alguna vez nos sedujo. Cuando muere un promotor de lectura se pierde todo. Dice Dulce María Loynaz que cuando perdamos el mar ahí estará el poeta para traérnoslo, que cuando perdamos el canto de los pájaros ahí estará el poeta para traernos de nuevo su canto, pero que cuando muere un poeta perdemos el mar y perdemos el canto. Creo sencillamente que cuando perdemos a un promotor de lectura perdemos páginas y libros y sonrisas y nadie más que él, a quien perdimos, que podrá conjurarlas. Y se pierde una voz y cierta forma de seleccionar los cuentos y la esperanza de que un libro nos lleva a otras puertas y a otros amigos. Dices en tu muro de Facebook, en el último post, que ibas a buscar un paracaídas y un cuento de nunca acabar. A lo que sabe al aire cuando se cae, a lo que sabe el vino al paladearse, a lo que sabe el cuento cuando se empieza a contar, a eso quiero que nos sepan estas palabras que te escribo modestamente hoy al principio del año. Que los muchos libros te arropen, que las muchas historias te lleven por los aires: sí, libros voladores. En una casa donde se encuentran todos los que aman la literatura, la promueven y la escriben está un rostro tuyo entre las páginas. Ésa es la historia, ése es tu cuento de nunca acabar. Nunca habrá una palabra FIN para tu historia.

En Memoria de Pavel Astorga.

Foto: tomada con respeto del Facebook de Pavel Astorga.

Foto: tomada con respeto del Facebook de Pavel Astorga.

 

>Antonio Ramos Revillas (Monterrey, 1977). Tiene cuatro libros de cuentos publicados: Todos los días atrás, Dejaré esta calle, Sola no puedo, Habitaciones calladas, y las novelas infantiles Los cazadores de pájaros, Reptiles bajo mi cama e Ixel. La novela El cantante de muertos (Almadía, 2011). Su más reciente libro es La Guarida de las lechuzas (Ediciones El Naranjo, 2013)

 

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