Baile y Cochino

“Los invitados se encuentran;

la fiesta comienza:

puedes oír el feliz clamor”.

Samuel Coleridge

Por Alfredo Padilla

 

Una fiesta descomunal en donde las jóvenes se llenan el hígado con el alcohol menos acreditado y abren las zancas a la primera intención, gresca en donde la música te masculla los oídos con metales obscenos, contienda en donde las lenguas se extravían en una atmósfera cerda, hedionda e inmunda. Un pulque chicloso que corre por los suelos-faringes y se confunde con el semen desparramado en las nalgas de las allegadas. Baile cómico-cósmico, de constelaciones azoradas y compases cutres. Polvo, taparrabos, degeneración; romanza de la clase media, cochino para prodigar y follar, raza violenta, sangre febril y el proletario otra vez. Una celebración a la que no has sido requerido, pero que igual llegarás flanqueado por tu escuadrilla, encaminado por tus órganos y una sed de años, con un estropicio sempiterno, porque una mala conciencia es una continua fiesta en decadencia, con tufo a libertinaje y voracidad. Suena bien, ¿no?

Así es la experiencia de leer Baile y Cochino, un libro que fue publicado en 21 entregas por la revista “Época Ilustrada” en 1885 y posteriormente bajo el sello de la tipografía de Filomeno Mata, en consecuencia lo editaría Espasa y Compañía en su colección “Linterna Verde” en Barcelona. Algunas de las últimas publicaciones son las de 1977, por la Editorial Porrúa, y 2011, por la Universidad de Veracruz. Novela del siglo 19 que aún mantiene fresco su atrevimiento y su objetivo primordial, que es perturbar a la clase media. Su autor es José Tomás de Cuéllar, un “niño héroe” que pasó por la historia sin pena ni gloria, pues se dice que participó en la defensa del Castillo de Chapultepec durante la invasión gringa, y que también fue poeta, cuentista (según Ignacio Manuel Altamirano), dramaturgo, pintor, fotógrafo, articulista y novelista. Es un proveniente de las tascas de la bohemia literaria, sociedad o banda de ejecutantes de las letras y santos bebedores de alcohol que surgió en las veladas literarias de 1867.

En Baile y Cochino, José Tomás de Cuéllar aprovecha como telón el México de la escasez moral para narrar una anécdota simple: Los preparativos de un baile para festejar el cumpleaños de Matilde. La claridad de los personajes, su bosquejo y lo verosímil de sus diálogos la convierten en un fiel retrato del artesanado, el único que se ve afectado por la trama circunstancial del autor. Entre los capítulos de las novela se encuentran algunos que poseen un orden sicalíptico: “De cómo las apariencias de las niñas cursis suelen comprometer a resultados serios”, “De cómo el calor de las velas, en combinación con el coñac de cinco ceros, y otros peores suele hacer de un baile un pandemónium”. El final o la conclusión es una de las resacas más bizarras de la literatura mexicana. Sin duda, otro libro anómalo para hacerlo reposar en su biblioteca y dejarse sobornar por una libertad perversa que lo mantendrá abstraído en sus adentros.

“La luz de la mañana venía con sus rayos azulados y limpios a poner en evidencia aquel lecho de placer de donde acababan de huir las bestias humanas.

Salía por las puertas del comedor y de la sala una especie de vapor alcoholizado, un vapor humano y tan pesado que casi se arrastraba por el suelo, como no queriendo luchar con la atmósfera limpia y diáfana de la aurora. Una luz de color rosa parecía asomarse por los pretiles de la azotea para ir a curiosear lo que había quedado en aquel comedor o campo de Agramante. Filtrándose como podía por entre las macetas y las cortinas, iba a pintar filetitos azulosos en el borde de las copas, y a lo largo de las mamaderas de los candelabros cuyas velas habían dejado un arrecife de estarina sobre los manteles. La alfombra estaba impregnada de vino y sembrada en tiestos de vidrio; hasta queso de Gruyére sobre las sillas, debajo de la mesa, dentro de las copas y sobre los sombreros; los pasteles pisados habían acabado de cubrir las flores que le quedaban visibles a la alfombra. La mesa presentaba todas las huellas de la batalla, porque más eran las copas y botellas volcadas y rotas que las que habían quedado de pie”.

 

Una copia de Baile y Cochino editada en 1889 por Edasa. Foto: Librerías de Ocasión.

Una copia de Baile y Cochino editada en 1889 por Espasa y Compañía. Foto: Librerías de Ocasión.

 

 

> Alfredo Padilla es narrador, periodista cultural y orgulloso papá de André. Estudió comunicación en San Luis Potosí. Escribe sobre literatura, música y cine para varias revistas y periódicos del país. Twitter: @_PadillaAlfredo 

Autor: administrador

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Comentarios

  1. andres dice:

    Muy interesante, ¿dónde consigo ese libro?

  2. Alfredo Padilla dice:

    Está editado por la Universidad Veracruzana, en su edición de 2011 bajo la colección “Libros Universitarios”, con prólogo de Sergio Pitol.