Abstinencia programada

 

 

Por Leopoldo Silberman 

 

Aprovecho la fría mañana del domingo para ir al supermercado: estacionar sin contratiempos, escoger el carrito que posea las mejores ruedas, circular por los pasillos a mis anchas, bobear con paspucia y hallar poca gente en las cajas pueden ser actividades terapéuticas, más si tomamos en cuenta que estamos en el cantarino y agobiante mes de diciembre.

Cantarino porque en todas partes escucho ese sonsonete habitual navideño, que nos lleva del más puro “ay, qué padre, ¡ya llegó la Navidad!” al más sincero “ya paren, estamos hasta la madre de los villancicos…”

Pero así es esto de las fiestas decembrinas y no hay nada qué hacer para modificarlo. El acostumbrado Grinch que vive en mí ha optado en esta ocasión por no enojarme ni hacer aspavientos por la invasión de espíritus amorosos ni por el alza de los precios ni por el atasque de las vías de comunicación y la proliferación de cursilerías. En su lugar, evado. Evito. Cambio de ruta. Ignoro. Y al menos trato de hacer mi vida en tanto estas festividades pasan.

No entré a ningún intercambio. No voy a cenas navideñas. No daré regalos. No pondré arbolito ni nacimiento (y estoy condenado a no hacerlo nunca porque teniendo un gato y un cerdo, cualquiera de estos adornos terminaría mordido o arañado). Y tal vez (sólo tal vez) teniendo esta abstinencia programada, en unos meses consideraré a la Navidad como algo menos dañino. Menos engorroso. Menos fastidiante.

Los dejo. Me encargaron comprar muchas cosas en el súper para la cena de Año Nuevo…

 

Ilustración de Mr. Zero.

Ilustración de Mr. Zero.

 

> Leopoldo Silberman es historiador especializado en política y milicia en México en el siglo 19, escritor de oficio, gestor cultural, director teatral, editor y trendexpert. Tiene un pug llamado Niuton, un hermoso gato gris de nombre Gedovius y un loquísimo pez apodado Nijinsky. Twitter: @POLO_SILBERMAN

 

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